A Mo Farah le ha entrado la morriña. Muy oportunamente, además. Dice el cuádruple campeón olímpico que es hora de dejar Estados Unidos y regresar a la patria que lo nombró caballero. “Vuelvo a Londres, echo mucho de menos mi hogar”, reveló el atleta en sus redes sociales. Pero la mudanza tiene un motor más poderoso que la nostalgia: Farah rompe definitivamente con su entrenador Alberto Salazar, artífice de un sexenio histórico en el que el fondista se mantuvo invicto en la pista, acumulando un oro tras otro hasta la plata en el 5.000 que emborronó su despedida soñada en los pasados Mundiales de Atletismo disputados en la capital inglesa.

El corredor nacido en Somalia rechaza que su decisión tenga que ver con la investigación que la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (Usada) mantiene sobre Salazar. Insiste en que cambia Oregón por el Támesis para alegría de su esposa y de sus cuatro hijos y para ponerse a las órdenes de un nuevo técnico, Gary Lough, esposo y preparador de otra leyenda del fondo británico, Paula Radcliffe.

Farah ya apuntaba maneras de campeón en 2010, un año antes de asociarse con el entrenador de origen cubano que trabaja con las estrellas Nike en el estado que acoge al gigante textil. Fue campeón europeo de los cinco y los diez kilómetros aquel año en Barcelona. Pero a partir de entonces su dominio se hizo global: no hubo prueba mundial u olímpica que no terminase con el representante británico alzando los brazos en primer lugar. Así fue hasta este pasado verano, cuando adoptó la resolución de dejar la pista y, a sus 34 años, pasarse al maratón.

Pero los gestos de asombro ante las hazañas deportivas del hombre que había llegado a Inglaterra en calidad de refugiado cuando era un niño de diez años, comenzaron a torcerse en muecas de sospecha en 2015. Un documental de la BBC relacionó entonces a su entrenador y a todo el Nike Oregon Project, con prácticas de dopaje. Supuestamente, Salazar habría dopado a Galen Rupp, compañero de entrenamiento de Farah, desde los 16 años. Otro informe de The Sunday Times afirmaba que varios atletas del programa, entre ellos el propio campeón británico, consumían un suplemento dopante basado en la L-carnitina y suministrado por el técnico.

El múltiple medallista siempre ha negado las acusaciones.

Dos años después de que comenzase la investigación y cuando abre una nueva etapa en su carrera, es cuando Mo Farah rompe lazos con Salazar. En declaraciones que recoge The Sun, niega que la decisión tenga algo que ver con la investigación: “Si Alberto hubiese cruzado la línea, me habría ido ya, pero la Usada no lo ha acusado con nada. Si hubiese tenido algún motivo para dudar de Alberto no habría estado defendiéndolo todo este tiempo”.

Hasta ahora, cuando, exprimido todo el éxito posible en un sexenio histórico, después de tiranizar el 5.000 y el 10.000, Mo Farah cierra los ojos e imagina el Big Ben entre la niebla, los paseos por Hyde Park y una tarde de compras en Harrod’s. La morriña es así de potente. Y de conveniente cuando se trata de poner un océano de distancia entre la sospecha y tú.