No es fácil asentarse en el tercer puesto del escalafón mundial del fútbol. Desde hace años hay una cosa clara: el primer puesto le corresponde a Leo Messi y el segundo a Cristiano Ronaldo (y no, no hay debate posible sobre ese orden). Ahora bien, por el tercer lugar del podio imaginario han desfilado incontables jugadores, incapaces de consolidarse como alternativa a la altura de las dos figuras del siglo. Parece que, si su inagotable colección de dramas cotidianos no lo impide, el futuro será de Neymar Jr. Pero por esa plaza vacante del podio ya pasaron Wayne Rooney, Eden Hazard o Gareth Bale entre tantos otros elevados al Olimpo en cuanto se especuló con su fichaje por el Real Madrid o el Barcelona. Tercer mejor jugador del mundo también lo ha sido, durante un tiempo breve, Antoine Griezmann.

El delantero francés de 26 años era una figura en ascenso desde su explosión en la Real Sociedad y su fichaje por el Atlético de Madrid. Iba cada año a más en el campo y fuera de él: talentoso para el gol y bendecido por un look casi infantil, resultaba una figura digna de cariño. Hasta que José Mourinho se cruzó en su camino, le llenó la cabeza con pájaros de la Premier League, y Griezmann se extravió, en el campo y fuera de él: ya casi no marca goles y se ha dejado una coleta propia de seductor cazafortunas en discotecas para veteranos de Puerto Banús.

Para disgusto permanente de la afición colchonera, el ariete galo da siempre la respuesta inapropiada cuando le sitúan un micrófono delante. Tras el nada disimulado flirteo con el Manchester United del pasado verano, Antoine se quedó en Madrid a regañadientes y sin pólvora. Marcó el primer gol atlético en la historia del Wanda Metropolitano, sí, pero solo ha anotado un tanto más en once jornadas de La Liga. Los goles los mete con el micrófono:

 – ¿Sueñas con un tridente con Neymar y Mbappé?

– Sí.

– ¿El Olympique de Marsella sería el único equipo francés al que volverías?

– Sí.

Fueron las respuestas que ofreció el jugador en una entrevista con el programa francés Telefoot. Exigido a responder “sí o no”, a Antoine habrá que disculparle la candidez, aunque la afición del club que le paga está perdiendo la paciencia cuando ya no hay rendimiento goleador que amortigüe sus pequeñas traiciones al escudo del oso y el madroño. Menos todavía si el próximo encuentro en España es el derbi contra el Real Madrid.

Puesto a meterse en líos, el jugador tampoco rehuyó una pregunta sobre la causa de su desamor con el Atleti:

– ¿Tiene a veces a Mourinho al teléfono?

– No.

Sucede que mientras él respondía así, su hermano Théo publicaba un tuit, luego borrado, con unas manos rezando y una foto de Old Trafford. Y es por cosas como esa que ya no hay quien se crea a Antoine Griezmann.