Es jueves por la tarde y en Manchester los termómetros marcan 3 grados de temperatura. En la isla de Gran Canaria, con un pie en el mes de diciembre, se registran unos suaves 17. Es por cosas como esa que cuesta entender cómo David Silva, el menudo mediapunta de Arguineguín, el canijo que creció idolatrando a Valerón, ha decidido envejecer como futbolista en un lugar frío, donde los ídolos hasta ahora se llamaban Bert Trauttman o Colin Bell. El futbolista español, de 31 años, acaba de renovar su contrato con el Manchester City hasta 2020, cuando cumplirá una década como mancuniano.

Con este nuevo contrato, Silva se confirmará como el mayor exponente de los futbolistas españoles que triunfaron en el exilio, entre los que se cuentan también otros brits como Mikel Arteta o Cesc Fábregas. Los talentos como él, de clase mundial y pasaporte español, acostumbran a terminar en el Real Madrid o en el Barcelona. Sin embargo, ninguno de los dos gigantes de La Liga supo o quiso encontrar acomodo al canario.

En el caso blaugrana, no había vacantes para darle el protagonismo que merecía en plena explosión del Barça de Guardiola y Messi. En el Bernabéu aún no habían reparado en que la acumulación del mejor talento joven español que tan bien les funciona ahora (Isco, Asensio), era la vía adecuada para complementar el intocable tridente galáctico con el que Florentino Pérez gusta de asombrar a sus invitados al palco. Así que Silva, figura de un Valencia un paso por detrás de la élite europea y campeón mundial con España, buscó en 2010 un lugar en el que le quisieran entregar los galones que merecía. Y lo encontró en Inglaterra.

Pese a su apariencia endeble, a Silva no lo adornaba el deje algo nostálgico de los mejores futbolistas canarios. De otro modo no podría haber sobrevivido tan bien como lo hizo en el Éibar de Segunda División. De allí a Vigo, otro destino norteño, ya en Primera. Suficiente mili para que el Valencia, el club que lo había fichado para su cantera, lo reclamase. Acostumbrado a Ipurúa, no había morriña de sol que impidiese su salida a Manchester.

Su llegada al City explica la transformación paulatina de una Premier League convencida de que para ser el torneo de fútbol más importante del mundo, tiene que ofrecer el mejor juego del mundo. Él y su socio Sergio Agüero han contribuido como nadie a hacer de los sky blue una referencia en Inglaterra y cada vez más en el fútbol continental. La secuencia de entrenadores que ha tenido en el club se ajusta al fútbol que encarna Silva: Roberto Mancini, Manuel Pellegrini y, ahora sí, Pep Guardiola.

Suma 52 goles y 72 asistencias en Premier League en 324 partidos con los citizens, con los que ha levantado dos ligas, dos copas de la liga, una FA Cup y una Community Shield. Es ya, junto con Agüero, la mayor leyenda de un club con 137 años de historia. Además, su rol en la selección para el Mundial de Rusia 2018 resulta cada vez más determinante. Es precisamente en esos partidos con la camiseta roja cuando buena parte de la afición española comprende la verdadera dimensión de David Silva, el gran crack en el exilio.

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