El diccionario menosprecia lo que el caddie representa para un golfista. “Persona que lleva los palos a un jugador de golf”, como lo define la RAE, es decir muy poco y reducir el oficio al de un mero porteador. En realidad, además de cargar con todo el instrumental necesario para el juego y levantar la bandera en los hoyos si fuese menester, el caddie asesora y recomienda sobre el mejor modo de afrontar un golpe, el palo requerido y, si el jugador necesita un interlocutor para expresar sus dudas o recibir confianza, actuar como figura comprensiva. En un deporte donde el estado de ánimo y la concentración resultan fundamentales, caddie no puede ser cualquiera. Por eso Rory McIlroy, acaso la mayor figura del golf mundial, le ha entregado el puesto a su mejor amigo de la infancia.

Harry Diamond y el golfista norirlandés se conocen desde críos. Ambos crecieron juntos en Holywood (no falta una letra ele, no: es una ciudad del condado de Down, entre Belfast y Bangor, y no la meca del cine de la soleada California) y han mantenido sus vínculos. Tanto se quieren que Harry ejerció este año de best man (acompañante del novio) de McIlroy con Erica Stoll. Si confías en alguien para que te asesore en tu boda, bien puedes escucharlo sobre la mejor forma para afrontar un putt.

Si hacemos caso a sus declaraciones, el ganador de cuatro majors valora mucho la amistad. Cuando cortó con su caddie de nueve años JP Fitzgerald en el pasado mes de agosto, McIlroy declaró que “lo considero uno de mis mejores amigos, de los más cercanos, pero en ocasiones para preservar una relación personal debes sacrificar la profesional, y ese fue el tipo de decisión que tomé”. La última temporada fue frustrante para el prodigio de 28 años, menguado en sus capacidades por una lesión en las costillas. Así que en verano lo pagó con su socio en el campo: “Llegué al punto en el que si no hacía un buen golpe o tomaba una mala decisión, me frustraba más con él (Fitzgerald) que conmigo mismo, y preferiría enfadarme conmigo por una mala decisión que enfadarme con él”.

Fue así como Diamond empezó a cargar de forma provisional con los palos del campeón. Lo acompañó en siete torneos de forma interina hasta finales de este 2017, mientras caddies de todo el mundo opositaban a uno de los puestos más lucrativos del circuito profesional. Finalmente, según revela The Guardian, los amigos de la infancia serán formalmente un equipo en la temporada 2018.

Harry Diamond es algo más que un colega con el que tomarse cervezas en el club. Se trata de un prestigioso campeón amateur que no siguió el camino de McIlroy como golfista profesional porque poseía una cadena de bares que atender. Sin embargo, ahora va a ser el apoyo del jugador más famoso del momento (Tiger Woods aparte) para intentar la conquista del Masters en 2018, el único major que se le resiste.

View this post on Instagram

2 sleeps 😃

A post shared by Harry Diamond (@haza136) on

No Hay Más Artículos