Ningún podio sin sospecha, ninguna hazaña inmaculada. Va a ser el ciclismo profesional y no Chris Froome quien peor parado salga de la noticia que vuelve a frustrar la confianza del púbico en las carreras. El británico, cuatro veces campeón del Tour de Francia y que el pasado mes de septiembre ganaba por primera vez la Vuelta a España, dio positivo por salbutamol en un control antidopaje de la ronda española. La mayor estrella de la ruta habría excedido en 1.000 nanogramos por litro el uso permitido de este broncodilatador empleado para atenuar los síntomas del asma. El conocido Ventolín emparenta a Froome con otros campeones como Miguel Indurain, Alex Zülle o Jan Ullrich: todos ellos fallaron controles por su culpa. Ninguno fue sancionado. Tampoco se sabe si Froome va a ser castigado y perderá la Vuelta.

“Es sabido que tengo asma y conozco exactamente cuáles son las normas. Uso un inhalador para controlar mis síntomas (siempre dentro de los límites permitidos) y sé con certeza que me van a hacer pruebas cada día que lleve el maillot de líder. Mi asma empeoró en la Vuelta, así que seguí el consejo del médico para aumentar mi dosis de salbutamol. Como siempre, puse el mayor cuidado en cerciorarme de no usar más que la permitida”, se justificó Froome en un comunicado. A continuación, acudió a Twitter para agradecer los mensajes de apoyo y mostrar su confianza en que “llegaremos al fondo del asunto”. Nada dijo sobre los mensajes que ponen en duda ahora la legalidad de su triunfo.

El equipo del ciclista, Team Sky, fue algo más preciso y a través de una nota avanzó ya una línea argumental de defensa: “La notificación de este hallazgo no significa que ninguna regla se haya quebrantado. (…) Existen pruebas considerables para mostrar las diversas e impredecibles variaciones en la forma en que el salbutamol se metaboliza y elimina”. Que el campeón mostrase una concentración que duplica la permitida podría deberse, dice el Sky, a la interacción con “la comida u otros medicamentos, la deshidratación y el momento de la administración antes del test”.

Como casi siempre, en los casos de supuesto dopaje, los matices son importantes. El periodista Carlos Arribas explica en El País cuál es el detalle a tener en cuenta en esta ocasión: “Una cantidad superior a la fijada por la AMA (Agencia Mundial Antidopaje) puede entrañar que a su efecto antiasmático el salbutamol añada el efecto anabolizante, y también permite suponer que se ha administrado por vía oral (prohibida) para aumentar su potencial, pues por inhalación simplemente es difícil llegar a tal concentración en el organismo. Entonces su uso se considera dopaje“.

¿Entonces Chris Froome ha perdido la Vuelta a España 2017 y es Vincenzo Nibali, segundo en el podio, el nuevo ganador? Podría ser, pero todavía no. La Unión Ciclista Internacional ha abierto un expediente informativo y depende del británico nacido en Nairobi defenderse. Tiene que demostrar que su metabolismo lo traicionó y que no aumentó voluntariamente el uso de fármacos para abrir sus vías respiratorias y obtener una ventaja competitiva.

En cualquier caso, las cejas ya están enarcadas. El Ventolín perseguirá a Chris Froome como aquel chuletón persiguió a Alberto Contador. La sospecha hace la goma como nadie en el ciclismo: no hay demarrajes, no hay podios que la sacudan. Incluso los que demuestran su inocencia cargan con el pecado de sus compañeros culpables. Y por eso esta noticia es más dañina incluso para el ciclismo que para el ciclista.

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