El 2017 no dejará un buen recuerdo para los nostálgicos del fútbol. Grandes estrellas como Pirlo, Kaka o Xabi Alonso han decidido colgar las botas y ahora, cuando apenas faltan unos días para que se termine el año, otro de los cracks de este siglo anuncia su retirada. Su importancia no está al nivel de los anteriores, pero Tomas Rosicky, que a los 37 años ha dicho basta, quedará como uno de esos genios a los que las lesiones no le dejaron desarrollar todo su potencial.

El brillante mediapunta checo militaba actualmente en el Sparta de Praga, a donde decidió regresar en su ocaso para devolverle a su club de formación todo lo que le había dado. Volvió en 2016 y sólo ha podido jugar 12 encuentros entre la temporada pasada y lo que llevamos de esta. Y nadie mejor que él conoce su cuerpo: “Me he dado cuenta de que ya no soy capaz de preparar mi cuerpo para la exigencia del fútbol profesional“.

Precisamente los problemas físicos han sido la tónica habitual en la carrera de Rosicky, gran parte de ella en el Arsenal. A Londres llegó después de reinar en su país y posteriormente en Alemania, donde se proclamó campeón de la Bundesliga con el Borussia Dortmund junto a su gigante compatriota Jan Koller.

Durante la última década también fue el líder visible de su selección, recogiendo el testigo de Nedved para mantener la competitividad de una República Checa que, como el propio Rosicky, siempre dio la sensación de quedarse a medias.

El mejor ejemplo fue la Eurocopa del 2004 en Portugal, donde la combinación de jóvenes como él o Milan Baros, unida a la experiencia del propio Nedved y Poborsky llevó a los checos a completar un gran torneo. Se impusieron a Holanda y Alemania en la fase de grupos, aplastaron a Dinamarca en cuartos y sólo la Grecia que terminó campeona pudo tumbarlos en la prórroga.