Cristiano Ronaldo lleva varios días sin publicar ninguna foto de él en el gimnasio de su casa. Hace unos días, tras otro partido decepcionante del Real Madrid, recurrió a ese recurso que hace difícil borrar su imagen de narcisista: selfie con las máquinas para trabajar su cuerpo al fondo. El mensaje, que tras la tormenta volverá a brillar el sol. Uno puede ser quisquilloso y pensar para quién es la tormenta y para quién saldrá el sol, teniendo en cuenta el contexto: el trabajo individual del cuerpo de un deportista de élite encantado de mirarse en el espejo.

Entra ahora el rumor de todas las crisis del Real Madrid, ficticias o verdaderas (como parece ser ésta del equipo de Zinedine Zidane): todas esas épocas de tumulto alrededor del equipo blanco alcanzan su punto de ebullición con el rumor de que Cristiano Ronaldo se quiere marchar. Y van ya unos 5 años con la misma cantinela. El diario AS lleva a su portada este lunes una noticia de un periodista conocido por relación estrecha con Cristiano y, sobre todo, su agente Jorge Mendes. Según el texto del periódico madrileño, Ronaldo quiere dejar el Real Madrid para volver al Manchester United, una intención que de una u otra manera el delantero portugués ha venido expresando cada cierto tiempo. «El entorno de Cristiano asegura que ‘está totalmente hundido porque se siente engañado'», dice la información de AS.

El motivo, sin embargo, no parece ser deportivo, es económico y de estatus. A Cristiano no le importa que el Real Madrid esté más cerca de los puestos de descenso que del Barcelona en distancia de puntos. Tampoco le importa su exigua cuenta goleadora en Liga, ni que su influencia en el juego sea ínfima si no es capaz de marcar. A Cristiano Ronaldo tampoco le parece significativo que su brillantez se resuma en la Champions League o en ocasiones señaladas de su selección. Lo que parece importarle de verdad es que el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, no le ha renovado el contrato (otra vez) y que ese contrato le permita equiparar su salario con el de Neymar y, sobre todo, Messi, tras la última revisión del argentino.

Las historias de infantiles desencuentros entre Cristiano Ronaldo y el presidente del Real Madrid se remontan al 2012. Casi todos sus episodios son o por renovaciones tensas o por gestos de protocolo que desagradan al luso (un entrenador nuevo que se ve con Gareth Bale, el presidente que no le acompaña a recoger un premio, negociaciones abiertas con prometedores delanteros franceses semiadolescentes…). También hubo el inevitable desencuentro por su situación con la Hacienda española, algo que dijo que jamás le pasaría en Inglaterra. En los episodios anteriores, el irrebatible rendimiento deportivo de Cristiano Ronaldo, traducido también en éxitos del Real Madrid, hacían entendibles estos amagos de dejarse. Ahora, la cosa es más complicada, con Cristiano superarada la treintena, su espectacularidad decreciente… La prensa portuguesa ya avanzó a principios del año pasado que Cristiano Ronaldo tenía tomada la decisión de salir, y la noticia de AS llegó apenas días después de que la Cadena SER apuntase a una oferta del Real Madrid al PSG por Neymar: muchos millones y CR de relleno. Demasiado quizás para el ego del portugués: no hay foto en el gimnasio que sea capaz de aplacar ese cabreo.

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