Hace una década, la perspectiva de que España contase con un patinador artístico de élite mundial, dominador absoluto en Europa y aspirante a medalla en los Juegos Olímpicos de invierno suponía el equivalente en la paradoja deportiva a la paradoja machista-cultural de la película Billy Elliot. Pero ahí está Javier Fernández, el madrileño convertido en estrella de la escena deportiva española desde sus piruetas sobre el hielo, en un deporte sin tradición alguna ni apenas espacios donde practicarlo. Viene de proclamarse por sexta vez consecutiva campeón de Europa, y ahora persigue el colofón para su impredecible estrellato: una medalla olímpica que suponga el legado definitivo de Javier Fernández.

El austriaco Karl Schäfer encadenó ocho victorias entre 1929 y 1936. Es el único que se puede comparar a nivel europeo con Javier Fernández, un milagro en su momento en una escena deportiva española que no estaba preparada para semejante aparición. Pero el dominio del madrileño en Europa, sumado a sus dos títulos mundiales consecutivos en 2015 y 2016, puso en la agenda del país el patinaje artístico en particular y los deportes de invierno en general. A Fernández, sin embargo, le pudo la presión de los focos en los Juegos de invierno en Sochi hace 4 años. Acabó cuarto cuando todo el país le miraba. Ahora quiere redimirse en Pyeongchang.

Y el tiempo se le acaba. «Estos son mis últimos Juegos. No aguanto cuatro años más. Sería una locura. En cuanto a competiciones es algo que tendré que pensar: si voy a hacer alguna, si no voy a hacer ninguna, si voy a hacer el Europeo… es algo que tendré que sentarme cuando termine esta temporada», dijo hace poco en una entrevista al diario ABC. La medalla olímpica rubricaría la condición de estrella de Javier Fernández a los ojos del público masivo. Algo que ya no necesita en el mundo del patinaje artístico. Su doble programa, el corto basado en Charles Chaplin, el largo basado en el musical El hombre de la Mancha, arrasó a sus rivales como suele hacer a nivel continental.

«Esperemos que en poco tiempo podamos crear aquí un sitio donde la gente pueda entrenarse con buenos entrenadores, con buenas cualidades, de todo para que no se tenga que ir uno fuera. De momento la cosa está complicada. Pero hay que hacer cambios. Y hasta que no se hagan no es que sea imposible, pero es mucho más difícil», reflexionaba Javier Fernández en ABC antes del Europeo. Más que una medalla olímpica, que sería apenas la tercera de España en toda la historia de los Juegos de invierno (las logradas por los hermanos Fernández Ochoa en esquí y con 20 años de diferencia entre uno y otra), ése sería el verdadero (pero improbable, por desgracia), legado de uno de los mejores patinadores europeos de siempre.

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