Pobre Asuka. Estaba la japonesa celebrando su histórico triunfo y una invitada inesperada apareció para robarle el protagonismo. La luchadora nipona había despachado a 29 rivales para erigirse en la vencedora del primer Royal Rumble femenino de la WWE. Imaginaba su nombre encabezando todas las noticias del día hasta que justo entonces, justo en el día de su mayor victoria, tuvo que pasarle a ella lo que tantas veces pasa en la lucha libre. Comienza a sonar una música, se apagan las luces, se encienden las pantallas y al fondo del pabellón asoma una figura desafiante, una última sorpresa para garantizar que el espectáculo nunca se detenga. Claro que quien apareció en el Wells Fargo Center de Philadelphia no era una figura cualquiera. Era la más flamante incorporación al elenco del wrestling: Ronda Rousey, la excampeona de la UFC.

La escena estuvo llena de esa teatralidad over the top de la WWE que tanto nos fascina. Rousey subió al cuadrilátero y, plantada en los morros de Asuka, se quedó como la estatua de Cristóbal Colón señalando hacia el territorio a conquista: Wrestlemania. Con ese gesto todo el público entendió que el rumor tantas veces propagado al fin se hacía realidad: la campeona de artes marciales mixtas iba a pelear en el gran evento de la lucha libre. Después quiso darle la mano a la ganadora del Royal Rumble, pero ésta se la rechazó. No era para menos. Rowdy le acababa de robar el protagonismo. La semilla de su primera gran rivalidad en el circuito de la lucha libre ya estaba sembrada.

Finalmente, la gran figura mediática de la UFC durante años cierra esa página de su carrera y abre un nuevo capítulo. Lo hizo con el debido respeto a la heráldica del wrestling. Si la cazadora de cuero negro que vistió en Philadelphia le quedaba enorme era porque se trataba de la prenda característica de Roddy Piper, El Gaitero, la difunta leyenda de la WWF. El propio hijo del luchador con el que Rousey comparte apodo (Rowdy) se la legó.

“Esta es mi vida ahora”, dijo la luchadora a Ramona Shelburne, periodista de la ESPN especializada en NBA y también principal confidente en los medios de la californiana que fue bronce en judo en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. “Hay otras cosas que podría hacer con mi tiempo que me reportarían mucho más dinero, pero no las disfrutaría tanto como esto”, se sinceró. Ronda Rousey era la reina del trash talking, de hablar mal y amedrentar a sus rivales en el octógono. La lucha libre estadounidense acaba de hacer un gran fichaje.