Ha pasado casi una docena de años desde su último título de campeón del mundo de Fórmula 1. Eso se le iba notando en el carácter, cada vez menos paciente con los errores ajenos y propios. Que se lo digan a Honda, que tuvo que soportar el escarnio constante de un conductor frustrado por el flojo rendimiento de los motores japoneses. Pero cuando Fernando Alonso se aleja de la parrilla del Gran Circo se le ve más suelto, menos agrio. A sus 36 años empieza a asumir que tal vez ya no pueda volver a ser el campeón que él imagina que debería ser por su talento, el que muchos seguidores consideran el mayor del paddock. Lo que sí puede seguir siendo es piloto, conectar con aquella ilusión primera que lo llevó a las carreras, sea cual sea la forma de estas. Al volante se siente mejor. Por eso quiere pasar más horas en él. Un par de días después de correr las 24 Horas de Daytona, ha confirmado que aportará su prestigio a otra prueba mítica del motor: las 24 Horas de Le Mans.

El asturiano, con el beneplácito de McLaren, compaginará la Fórmula 1 con la WEC, el Campeonato Mundial de Resistencia de la FIA. Su escudería le ha otorgado permiso para subirse en un bólido de otra marca, un Toyota que compartirá con Sébastien Buemi y Kazuki Nakajima en el trazado francés. Cuando sus obligaciones en la competición más popular del motor lo permitan, Alonso disputará carreras de resistencia. Su objetivo principal es Le Mans, el triunfo que necesita para seguir aspirando a la Triple Corona de las carreras, una gesta que solo logró Graham Hill. Fernando ya posee el Gran Premio de Mónaco y el pasado año debutó con buen sabor de boca en las 500 Millas de Indianápolis. Siente que cada vez está más cerca.

La aventura resulta fascinante. El impacto que la presencia del hombre que destronó a Michael Schumacher provoca en los circuitos estadounidenses en los que ha corrido hasta la fecha demuestra que el público del motor desea ver retos que abran escenarios competitivos alternativos. La tiranía que vienen ejerciendo un ramillete de escuderías en la Fórmula 1 es contraria al interés del campeonato. A Fernando Alonso no le importuna bajar de la torre de marfil para ejercer de novato en otras pruebas. Y McLaren abraza el potencial mercadotécnico derivado de contar con uno de los pilotos más famosos del mundo: “Como Fernando, en McLaren somos pilotos de corazón y nuestro equipo se construye sobre un bravo patrimonio de competición y éxito en diferentes formas del deporte. Igualmente importante es la confianza en que nada detrae de nuestro principal objetivo en la Fórmula 1″, declaró Zak Brown, director ejecutivo de la marca.

Se dice que el coche de Alonso este año sí va a ser competitivo y le permitirá al menos seguir la estela de Lewis Hamilton. Pero si tampoco es así, por lo menos al español no le van a faltar otras pistas en las que seguir haciendo lo que disfruta: pilotar.

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