Si Romario era un futbolista de dibujos animados, Shaun White es un deportista de videojuegos. Literalmente, además. El de San Diego protagonizó su propia franquicia de juegos de snowboarding y skateboarding, la dos tablas, con y sin ruedas, sobre las que ha edificado su leyenda. Diez años antes de que se pusiese a la venta Shaun White Snowboarding, el título de referencia en deportes de nieve era 1080º Snowboarding para Nintendo 64. Los grados identificaban la pirueta más radical que se podía hacer en un halfpipe. Ahora, diez años después de sacar un videojuego con su nombre, el hombre conocido como El Tomate Volador por su pelirroja cabellera, ha dejado obsoletos los giros de su avatar virtual. Sobre la pista de Pyeongchang ha logrado su tercer oro olímpico, tras los de Turín 2006 y Vancouver 2010, gracias a encadenar dos saltos seguidos de 1440º.

La de White fue la medalla de oro número 100 en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno para Estados Unidos. Y para él fue tal vez la más dulce, tras la decepción de Sochi 2014, cuando terminó en cuarta posición en su prueba, el snowboard halfpipe. Para recuperar su cetro se partió la crisma. El pasado mes de octubre tuvo un accidente en un entrenamiento. Aterrizó un salto con la cara y no con la tabla. Recibió 62 puntos de sutura en la boca, la nariz y la frente. Era el riesgo de ensayar la única combinación de saltos con la que podía enfrentarse a la generación que viene.

Porque Shaun White ya no es aquel crío de nueve años que apadrinó Tony Hawk, otro deportista de videojuego, la mayor leyenda del skate. Ahora, con 31 años de edad, es un viejo en un deporte de adolescentes. En estas mismas olimpiadas, otro pelirrojo estadounidense, Red Gerard, ganó el oro en la modalidad de slopestyle con solo 17 años, la misma edad de la campeona del halfpipe feminino, Chloe Kim, que también hizo sonar el himno de las barras y estrellas en Corea del Sur. En su final, White se impuso al nipón Ayumu Hirano, de 19 primaveras.

En cierto modo, todos estaban allí para matar al padre. El del pelo con el color del fuego abanderó la transición de lo que antes eran deportes extremos hacia el escenario de los Juegos, atrayendo toda la atención que antes solo concitaban citas patrocinadas por bebidas energéticas o con nombres como X Games. Pero Shaun White ha tenido tiempo de darles una última lección: la de cómo convertirse en leyenda olímpica.