El oro colgado del cuello y el oro en el corazón. El campeón olímpico de patinaje artístico en categoría masculina se hace querer. A Yuzuru Hanyu lo adoran en su Japón natal pero también concita simpatías entre los aficionados a su disciplina de todo el mundo. Ese culto lo consigue con gestos como el de obligar a subirse con él al primer escalón del podio a los otros medallistas, su compatriota Shoma Uno, medalla de plata, y el español Javier Fernández, bronce. También con detalles casi infantiles, como su documentada devoción por el osito Winnie the Pooh.

Tras cada programa de Hanyu llueven peluches sobre el hielo tirados por los fans hacia su ídolo. Todo resulta tan tierno que por momentos se olvida la fiereza competitiva del nipón, el primer hombre en ganar consecutivamente dos Juegos Olímpicos en patinaje desde que el estadounidense Dick Button lo hizo en 1952. Poca broma.

El triunfo en Pyeongchang 2018 del campeón de Sochi 2014 encierra otra historia de superación. “Es el mejor día de mi vida como patinador y mis lágrimas salieron del corazón. Puedo encontrar una palabra para esto y es ‘feliz'”, declaró Hanyu, que se lesionó seriamente el tobillo en el mes de noviembre. Nadie lo había vuelto a ver competir hasta que aterrizó en Corea del Sur.

En el programa corto ya demostró que se había recuperado por completo, hasta el punto de que no necesitó de la perfección en el definitivo programa largo, donde solo ejecutó cuatro de los cinco cuádruples previstos. Su combinación de elegancia, potencia y finura le bastó para reivindicarse como el dominador de esta era del patinaje frente a otros como el estadounidense Nathan Chen, que intentó imponerse por avasallamiento. Chen hizo lo nunca visto: un ejercicio con seis cuádruples, un derroche físico imponente para intentar compensar su fallido programa corto, pero que no resultó suficiente para subir al podio.

En él sí estaba el español Javier Fernández en su despedida de las Olimpiadas. Con Hanyu lo une una relación de amistad. A menudo se les ve chocándose las manos, más colegas que rivales. El campeón escogió entrenar en Toronto, Canadá, con el madrileño: “Quería entrenarme con Javier porque lo hace todo más fácil”, explicó en su día. Fernández, que estuvo muy cerca de la plata de Shoma Uno, se desquitó de la decepción de Sochi, y prepara su despedida con una medalla que certifica unos Juegos Olímpicos excelentes para la delegación española, después de que el snowboarder Regino Hernández lograse otro bronce, el primer metal para el país en una competición invernal en 26 años.

Todo fueron sonrisas en el podio. Suele pasar cuando por el medio está Yuzuru Hanyu, un campeón adorable.

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