Arantxa Sánchez Vicario fue Rafa Nadal unos cuantos años antes. Pero sin capacidad atlética. La bajita y mofletuda tenista de una familia bien de Barcelona plantó cara con tesón y resistencia a un tótem de la perfección del tenis, Steffi Graf, en un duelo mucho más desigual que el de Nadal con Federer. En su carrera, se anotó 4 títulos de Grand Slam (tres Roland Garros, un US Open) y fue número uno del mundo tanto en individuales como en dobles, además de sumar varias medallas olímpicas. Todo eso le valió para unos premios cercanos a los 17 millones de dólares y un patrimonio de cerca de 50. Pero a los 46 años, la vida de la menor del clan Sánchez Vicario (con otros dos hermanos profesionales del tenis), llena de dramas en la última década, puede sufrir el giro definitivo y acabar en la cárcel.

La denuncia del Banco de Luxemburgo, que reclama a Arantxa por un alzamiento de bienes, es una acusación seria que pende sobre la extenista desde hace unos años, y que si la justicia española acepta puede suponer una pena de cárcel para la que fuera gran estrella del deporte del país en los años 90. La entidad financiera del país al filo del paraíso fiscal en Europa avaló a Sánchez Vicario una deuda de 5,2 millones de euros con la Hacienda española, descubierta en el 2003 por sus años de falsa residencia en Andorra. Nunca pagó esa cifra porque la ex número uno dijo no tener fondos y todo acabó destapando una crisis familiar digna de telenovela. 

Acuciada por las deudas, Arantxa Sánchez Vicario vendió los derechos de su autobiografía para no dejar títere con cabeza y romper de manera abrupta con su familia, sus padres y sus hermanos, principalmente, acusándolos de gestionar mal su dinero sudado en las pistas de todo el mundo. Las serias acusaciones la mandaron a vivir a Miami y le impidieron acudir incluso al funeral de su padre. El enfrentamiento definitivo llegaría hace ocho años, cuando la extenista decidió casarse con Josep Santacana en su segundo matrimonio. La familia Sánchez Vicario veía intenciones turbias en la pareja de Arantxa, que respondió dándole el poder sobre sus negocios y decisiones económicas, sin separación de bienes.

Santacana acaba de pedir el divorcio en un juzgado de Miami, la custodia de los dos hijos de Arantxa Sánchez Vicario y se ha quedado con sus pertenencias, según la extenista. En Miami, donde se supone que da clases de tenis para ricos al sol de Florida,la que fuera capaz de responder a dos manos al fino revés y los derechazos con láser de Steffi Graf se refugia en casa de su hermano Emilio, con el que apenas se habla, mientras espera que la denuncia del Banco de Luxemburgo no prospere. Arantxa desea estos días que el tenis nunca se hubiera acabado.

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