Christian Coleman corre en línea recta. Recto hacia la línea de meta. Recto hacia las medallas. Recto hacia los récords. Recto hacia Usain Bolt. En unos Campeonatos del Mundo de Atletismo en Pista Cubierta donde las descalificaciones por pisar las líneas de las calles en las pruebas de velocidad están a la orden del día (a estas horas aún no se le pasó el pasmo a Óscar Husillos, campeón del mundo de 400 metros durante tan solo unos minutos), el sprinter estadounidense no tiene ese problema. No hay curvas, no hay peraltes en los que su cuerpo se pueda desviar de la trayectoria. Coleman corrió este sábado por el camino más corto, la línea recta, hasta el oro de los 60 metros lisos. Lo logró con una marca de 6,37 segundos, récord de los campeonatos y la misma con la que había batido el récord del mundo en enero. Sucede que en febrero ya lo había rebajado de nuevo hasta los 6,34 segundos

Los velocistas de los 60 metros no pisaron las rayas que delimitan sus calles y se concentraron en correr una prueba rapidísima sobre esa pista de Birmingham en las que otros atletas se quedaron rumiando lo que pudo ser y no fue por causa de los jueces. A la bala de Atlanta lo acompañaron en el podio el chino Su Bingtian, que batió el récord de Asia con un registro de 6,42 segundos, y otro estadounidense, Ronnie Baker, bronce con 6,34. La competencia era fantástica. Los tres medallistas se cuentan entre los siete participantes más rápidos en la historia de la prueba más breve.  

Y sin embargo, Coleman defiende que la clave de sus triunfos está en la paciencia. Resulta irónico que uno de los hombres más veloces sobre la faz de la tierra opine que, para vencer una carrera que se resuelve en un suspiro, el secreto está en tomárselo con calma. “Los 60 metros son tan cortos que piensas ‘Quiero salir lo más rápido posible e intentar distanciarme de todo el mundo cuanto antes’. Pero no puedes hacerlo así, porque vas a acabar no corriendo tan rápido como lo harías si hubieses sido paciente y lo controlases. Todo el proceso debería hacerse de forma realmente suave”, explicaba el atleta de 21 años (cumplirá 22 esta próxima semana) antes de los Mundiales.

Tras esta victoria se confirma lo que el atletismo viene rumiando en este 2018. Christian Coleman es el más rápido. La expectación es máxima para cuando le toque demostrarlo al aire libre, sobre el tartán de los 100 metros lisos. Siendo atleta universitario se colgó la medalla de plata en los Mundiales de Atletismo de Londres del pasado verano, por detrás de Justin Gatlin y por delante de Usain Bolt

Con Gatlin siempre bajo sospecha, y con Bolt, la gran estrella global del atletismo, ya retirado, todo el mundo espera a Coleman como la próxima gran estrella. Se aguarda que sea capaz de acercarse a lo que desde hace casi una década parece un imposible: el récord de 9,58 segundos que estableció el jamaicano en 2009. “Tengo un montón de confianza en que puedo ser uno de los mejores. He sido bendecido con un montón de talento y si simplemente sigo trabajando duro, entonces creo que mi nombre estará ahí arriba con algunos de los mejores”, declara el muchacho con una cautela impropia de los siempre bravucones velocistas.

Su marca personal en los 100 metros es de 9,82 segundos. La estableció en junio de 2017. Pero desde entonces Christian Coleman no ha dejado de acelerar. 

 

 

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