Rory McIlroy no levantaba un torneo del PGA Tour en 539 días. Justo ese tiempo hace que Arnold Palmer le mandó una emotiva carta pidiéndole al norirlandés que perseverase en su juego pese a las dudas, que era muy joven para rendirse y a pesar de la presión de ser una joven y fulgurante estrella, aún tenía tiempo de convertirse en uno de los mejores si persistía en su arte. Arnold Palmer moría poco después de esa carta, que McIlroy tiene enmarcada en su casa. Este domingo, el 4 veces ganador de majors volvió a la senda del triunfo, casualmente en el Arnold Palmer Invitational. Sería una buena ocasión para tomarse una copa para festejarlo, sólo que a lo mejor McIlroy quiere dar ejemplo.

Porque antes de marcarse una última ronda de escándalo, 64 golpes en la jornada del domingo con 5 birdies en los últimos 6 hoyos, Rory McIlroy era noticia por sumarse a una tendencia que se extiende entre los jugadores profesionales del circuito. Esa tendencia es pedir que los aficionados que pueblan los campos beban menos. Algunos golfistas, y Mcilroy entre ellos, están algo cansados de que el público que les acompaña por los 18 hoyos, la mayoría gente con dinero y que entiende que el club es tan suyo como de los jugadores, se exceden en su efusividad.

Había un tío allí gritando el nombre de mi mujer. Iba a acercarme y hablar con él, pero, en fin, no sé, creo que se ha salido de madre, honestamente. Creo que deben limitar la venta de alcohol en el campo, o algo así, porque cada semana parece que hay jugadores quejándose de eso cada vez más”, se sinceró McIlroy. La idea del norirlandés es simple: limitar la venta de alcohol o dejar que sólo se beba cerveza: “Antes era normal ver a gente que se llevaba sus neveras con cerveza. Ahora ves a tíos bebiendo cócteles de todo tipo”. Cuestión de graduación o de volumen de ingesta, el caso es que los golfistas ven que cada vez les molestan más aficionados que parecen estar demasiado contentos.

“El golf es diferente al fútbol americano y hay un protocolo de por medio”, insiste McIlroy. Otros jugadores, como Justin Thomas, tuvo que pedir que un aficionado fuera sacado del campo. Y Rory mira a su alrededor tras compartir juego con Tiger Woods (brillante en su regreso al PGA Tour) y ve que las cosas se están saliendo de madre: “Pierde al menos medio golpe por jornada a causa de eso”.

Pero el caso es que McIlroy se sobrepuso a los gritos de alegres bebedores y se marcó una brillante ronda final para llevarse el Arnold Palmer Invitational y reanudar su palmarés. “Fue increíble sentir la emoción de estar cerca del liderato en los últimos 9 hoyos. Lo echaba de menos, de verdad. Jugar el golf que jugué bajo presión, estoy orgulloso y feliz. Jugué una ronda final perfecta”, y con eso prefiere quedarse Rory McIlroy antes que los pesados.