“Entre 1999 y 2009, Woods promedió 5,8 victorias por temporada y ganó el premio a mejor jugador del año nueve veces… Ganó 13 de 35 majors entre finales de 1999 y mediados de 2008, mientras que ningún otro golfista ganó más de tres; en tres ocasiones ganó cinco o más torneos consecutivos, cuando el último hombre en vencer cinco de un tirón había sido Ben Hogan en 1953″. Esos son algunos de los logros de Tiger Woods que enumera un reportaje especial conmemorativo del 20 aniversario de la publicación estadounidense ESPN The Magazine.

El trabajo del periodista Peter Keating trata de dilucidar quiénes han sido los 20 deportistas más dominantes del mundo en las dos últimas décadas y elabora para ello un indicador de “dominio”. En esa clasificación (con un enorme sesgo yanqui) se alza con gran ventaja por encima de cualquier otro atleta -sobre LeBron James, sobre Peyton Manning, sobre Roger Federer, sobre Annika Sorestam– el ahora renacido golfista californiano de 42 años. 

Como nada gusta más en el imaginario norteamericano que una buena historia de caída en desgracia, expiación y redención, la fe en Tiger Woods está resurgiendo con la fuerza de un gran tee shot. Pese a que no gana desde 2013, torturado por las lesiones y, más aún, por su atribulada y disipada vida personal, el jugador no cejó en el empeño de restaurar su leyenda. El pasado otoño anunció su vuelta a la competición. En el reciente Arnold Palmer Invitational (API), rozó al fin un título que acabó siendo para Rory McIlroy, su sucesor como gran figura mediática del golf mundial y que también ha pasado por su propio socavón profesional. Pero Tiger está de vuelta para reclamar su puesto. 

Cada vez que Woods pasa el corte en un torneo, las audiencias televisivas se disparan. Las cuatro ocasiones en las que luchó por la victoria final desde su regreso se han convertido en las retransmisiones de mayor éxito del PGA Tour. El pasado fin de semana sus apariciones televisivas fueron las únicas capaces de hacer frente al March Madness, el torneo de baloncesto universitario que mantiene secuestrada la atención del telespectador estadounidense durante este mes

El el campo de Bay Hill se tuvo que conformar con el quinto puesto, algo inaudito para él, que siempre había alzado el trofeo cuando terminaba en el top-ten del API. Pero aún así, Tiger Woods tiene motivos para la satisfacción. Su juego seguía ahí y pese a la inactividad ya se ve capaz de competir al más alto nivel.

En el horizonte del 5 abril asoma una cita ineludible: el Masters de Augusta. Para entonces ya se habrá disputado la Final Four de Baloncesto de la NCAA y, entonces sí, todos los ojos estarán puestos en el rehabilitado jugador como nunca han dejado de estarlo durante buena parte de los últimos 20 años. 

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