Valentino Rossi empieza a sentir el paso de los años en su cuerpo pero quizás también en su mente: el cansancio físico de competir con pilotos que son más una década más jóvenes que él se añade a la dificultad de motivarse temporada tras temporada. Y en esa combinación de factores podemos encontrar también un pequeño síndrome Ayrton Senna: “La electrónica es un problema. Para mí, la M1 de 2018 es una moto buena, pero, para mí, sufrimos con la electrónica”, dice Il Dottore. Como el mito brasileño, Rossi dice sentir que la tecnología de las motos le supera, añorando más pilotaje intuitivo, sin correcciones automáticas. De cuánto haya de verdad en esta sensación pueden especular los aficionados más puristas. La única realidad es que Valentino Rossi ya tiene fecha de caducidad en MotoGP: el año 2020.

El 9 veces campeón del mundo anunciaba su nuevo contrato con Yamaha al poco de iniciar el Mundial 2018. Era a la vez un síntoma de confianza hacia la marca japonesa y una prueba de su espíritu competitivo intacto. Valentino Rossi busca con ahínco su décimo título para subir algún escalón más en la clasificación de mitos del motociclismo mundial. Pero la realidad deportiva del italiano es complicada. Después de 4 grandes premios, la clasificación del campeonato de MotoGP muestra a Rossi en sexto puesto, la tercera Yamaha de la lista, por detrás de Maverick Viñales y de Johann Zarco. “Sé que está difícil, pero decidí intentarlo. Hay que afrontar desafíos difíciles y depende mucho del estado de la moto. Lo que me gusta es la sensación cuando llega el fin de semana de carrera, cuando gano o cuando consigo subir al podio”, se consuela el italiano.

La realidad de Valentino Rossi es ésa: esperar en carrera a que su Yamaha le permita aprovechar errores ajenos y después aplicar su talento innato y su experiencia. Parece difícil que Il Dottore ya pueda batirse en igualdad de condiciones con Marc Márquez, y cuando lo hace encuentra verdaderos problemas que acaban con peleas fuera de la pista. “No fue una decisión fácil. Fue más difícil que otras veces porque, quizá, era el último contrato y después de este no habrá otro”, asumió Rossi antes del Gran Premio de Francia, donde buscará su segundo podio de la temporada en cinco carreras. Poco consuelo para un piloto con 300 victorias en su currículum, la única llama competitiva que sigue ardiendo en el motor de un mito de las motos, al que le quedan un Mundial y medio para disfrutar de su vida profesional.

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