Hay que reconocer que Neymar ha tenido algo de mala suerte. Tenía toda la temporada planificada para el Mundial de Rusia 2018, dosificando esfuerzos en la liga francesa mientras el PSG se pasea por la Ligue 1. Pero él solito se metió el pie en un hoyo en un partido sin mayor historia hace 4 meses, y ahí se le rompió un hueso y el sueño. Llegó muy justo de forma a la Copa del Mundo, y aunque marcó sus goles y tuvo peso en el juego de Brasil, se quedó corto respecto a lo que se esperaba. Y, sobre todo, al lugar en la historia del fútbol de su país que cree que le pertenece. Rusia 2018, a sus 26 años, iba a ser su Mundial. Neymar sale de él sin ninguna gloria y con muchos más enemigos. 

Hay dos maneras de recordar el partido de Neymar ante Bélgica, que expulsó a Brasil de los cuartos de final de la Copa del Mundo. O te quedas con ese intento de rosca a la escuadra que Courtois sacó en una gran parada casi sobre la bocina para evitar el empate, o te quedas con el lamentable piscinazo entre una nube de defensas belgas,  tras un cruce de Fellaini sin contacto alguno y estirando la pata para ver si se enganchaba con alguna rival. Esta dicotomía ha perseguido a Neymar durante toda la participación en Rusia 2018, un torneo al que llegó corto de preparación entre operación de pie, viajes a Brasil, fiestas de cumpleaños y vídeos bordando el ridículo en redes sociales.

Neymar dio buenas sensaciones en su primera aparición antes del Mundial, marcando un gran gol a Croacia en la preparación. Fue de menos a más en la competición, plano ante Suiza, mejor ante Costa Rica (gol intrascendente incluido que celebró como si ganase la Champions), y más afinado ante Serbia y México. Pero por el camino, una riada de memes en redes sociales que se burlaban de sus caídas exageradas, sus vueltas sobre sí mismo y sus simulaciones destapadas para su sonrojo por el VAR. Objetivo de los rivales por su calidad pero también por su tendencia a calentarse, Neymar cayó alguna vez en la trampa: insultó a rivales de Costa Rica, de México, al árbitro… 

Los ingleses se cebaron con sus hábitos de revolcarse en el césped. “Neymar tiene el umbral de dolor más bajo de la historia del fútbol”, escribió Gary Lineker. “¿Quién es el que se va a casa ahora?”, le lanzó el mexicano Andrés Guardado, en recuerdo al innecesario recado que envió el brasileño a los aztecas tras eliminarles. Ante Bélgica, la estrella del PSG no tuvo su noche y eso en Brasil es un problema: en un país paralizado hasta extremos absurdos para ver los partidos de la seleção, a Neymar se le exige que les lleve al hexacampeonato. Y por ahora, cosecha más enemistades (incluso en sectores de su propio país, que tampoco le aplaude que no haya hablado tras la eliminación) que gloria. “El puesto de mejor del mundo le vuelve a quedar lejos”, dice Folha de São Paulo tras el fracaso. Y la temporada que viene, seguirá rumiando en partidos sosos por toda Francia. 

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