Neymar no había abierto la boca después de quedar eliminado en Rusia 2018. La derrota ante Bélgica en cuartos de final se consideró un fracaso para Brasil, y también para el 10 de la canarinha, señalado por el márketing de su país y parte del extranjero como el elegido para llevar a la selección brasileña al sexto Mundial. Pero ya no por su rendimiento deportivo, mejorable pero achacable a su preparación escasa, sino por el desastre de imagen pública que supusieron sus piscinazos, sus exageraciones en cada caída y en general un carácter un tanto desagradable. Después de casi un mes de reflexión en casa, el entorno de Neymar protegió al futbolista aislándolo de unas críticas que acabaron penetrando incluso en la opinión pública de Brasil.

Todo en Neymar está perfectamente calculado por un entorno que tiene que explotar al 100% una empresa de cientos de millones de euros. Así, Neymar sólo ha aparecido en dos actos en esta misma semana, los dos de tipo benéfico vinculados a su fundación: uno una subasta para recaudar fondos para el Instituto Neymar, y otro un acto con niños patrocinado por Red Bull. Ahí sí habló Neymar para tratar los dos temas que cercan al futbolista, por orden de importancia: su fama de tirarse y exagerar el dolor, y si seguirá en el PSG la próxima temporada. “Creo que se ha criticado más a quien sufre las faltas que a quien las recibe. No fui a la Copa del Mundo a sufrir faltas, fui para superar a los rivales. Yo no puedo ir diciéndole a los defensas, ‘Perdona, amigo, voy a pasar’. Normalmente soy más rápido y más leve que los defensas, así que hacen falta. Y duele de verdad, después de cada partido me paso de 4 a 5 horas con hielo”, intentó justificarse Neymar.

El brasileño dice que es consciente del criticismo, que lleva a niños de todo el mundo a hacer vídeos histriónicos tirándose al suelo cuando oyen el grito ¡Neymar! “Ya soy un chico grande, y eso no puede afectarme. Tengo las espaldas muy anchas. Seguiré adelante porque tengo motivos para ser feliz, mi familia, mi hijo… No me puede ver triste”, insistió Neymar. Su hijo, el rubísimo Davi Lucca, ya hace anuncios televisivos junto al futbolista en Brasil y publicaciones de Instagram en las que sale mandando mensajes a su padre son noticia en los medios. Es difícil poner la frontera ya en la vida personal y profesional de Neymar.

Y luego está el tema de su futuro, algo que parece importar menos, bien sea porque lo tenga claro o porque realmente lo que hay que restablecer es la imagen antes que su carrera. “Seguiré en el PSG, tengo contrato y elegí estar allí para aceptar el desafío de conseguir metas altas. No he cambiado mi postura sobre eso, espero que podamos tener una exitosa campaña con nuevos títulos. A la prensa le gusta crear rumores, pero todo el mundo sabe cuánto me preocupa el PSG”, se comprometió Neymar a 20 de julio. Queda un mes de mercado y la sombra del Real Madrid, el club que hace sentido a todos los niveles (económico, de márketing y deportivo) es alargada. Sobre todo si el brasileño percibe que Mbappé le come territorio en todos los terrenos mencionados. Mientras tanto, las palabras de Neymar estarán cada vez más medidas.

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