Era fácil enamorarse de Winnie Cooper, angelical presencia preadolescente (prepúber ella y nosotros, los espectadores) en Aquellos Maravillosos Años. Era fácil enamorarse de los New York Jets gracias a la hermosa cazadora verde y blanca que no apeaba nunca Kevin Arnold y que hoy forma parte del Museo de Historia Americana Smithsonian.

Hace tiempo que los fans del equipo de fútbol americano de la Gran Manzana que no puede presumir de Odell Beckham Jr. se tapan la cara avergonzados con bolsas de papel. Incluso sus mejores años recientes están marcados por la presencia de personajes con aspiraciones de bufón, como Rex Ryan. Los Jets son un chiste recurrente en la NFL y representan de algún modo el reverso deprimente de los New England Patriots: estos, una historia de éxito y buena gestión continuada; aquellos, una sucesión de despropósitos.

Y la temporada que está a punto de comenzar no pinta mejor. 0-16 es la marca que todos escriben al lado del casco blanco y verde. Ni una sola victoria y pleno de derrotas, una proeza solo alcanzada por los Detroit Lions de 2008 en los 37 años de competición con ese número de partidos por curso. Y decir «proeza» no es un error. Los análisis estadísticos revelan que, por muy lamentables que sean las perspectivas de un equipo, la probabilidad de un fiasco completo es pequeña.

The Washington Post sostiene que es más factible una nueva temporada de los Patriots como invictos antes que el desastre de los neoyorquinos. El registro inmaculado de Tom Brady y Bill Belichick tiene una posibilidad de 90 a 1, mientras que el rosco del equipo entrenado por Todd Bowles se daría una sola vez entre 260. Cleveland Browns y Jacksonville Jaguars serían oponentes propicios para una victoria de los Jets.

FiveThirtyEight tampoco ve fácil el 0-16. A pesar de contar con el peor grupo de quarterbacks de la competición; a pesar de perder al left tackle y al center titulares; a pesar de la lesión para toda la temporada de su receptor número uno, Quincy Enunwa; a pesar de todo eso hace falta mucha mala suerte para no ganar un solo partido, argumenta la web especializada en periodismo de datos.

Lo más terrible es que a los New York Jets, este año sí, les interesa perder todo, hacer un ejercicio de tanking digno los libros de Historia. Es el mejor camino para draftear a Sam Darnold, el quarterback por el que todos suspiran. Después solo sería necesario que Darnold no removiese cielo y tierra para evitar ir a una franquicia desnortada. Y no sería la primera vez que una estrella universitaria hace algo así.

Con los Jets uno ya no sabe qué puede pasar. Incluso puede que cometan la torpeza de ganar.

 

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