Por más que pueda sonar raro a estas alturas de temporada NFL, los New England Patriots tienen un problema. Quizá no tanto por su actual balance (2-2) después de sufrir dos derrotas en el inexpugnable Gillette Stadium, que ya de por sí es preocupante, sino por la fragilidad que la franquicia de Massachusetts ha demostrado en defensa durante el primer cuarto de campeonato.

El año ya comenzó torcido con la sorprendente paliza recibida por los Chiefs, encajando más de 40 puntos en el partido inaugural. Lo que podía parecer un accidente se ha ido convirtiendo en realidad con el paso de las jornadas. Cada quaterback que se enfrenta a los Patriots lo hace a nivel MVP, y eso seguramente no sea siempre mérito del pasador. Alex Smith, Drew Brees, DeShaun Watson y Cam Newton, este último siempre más acertado sobre el emparrillado que en la sala de prensa, han sumado más de 300 yardas de pase ante la defensa ‘patriota’.

Y claro, los números no engañan. La que el año pasado fuera la mejor unidad defensiva de la NFL en lo que se refiere a puntos encajados, menos de 16 por encuentro, recibe ahora mismo 32 en cada partido. Es el segundo peor registro de la liga. El drama va a más si miramos las yardas recibidas. New England permite más que nadie (456 por partido) a una distancia kilométrica del segundo, ya que ninguna otra franquicia alcanza las 400.

La apuesta es que esto cambiará. Sobre todo teniendo en cuenta la capacidad de Bill Belichick para crear sistemas impenetrables, pero la pregunta es si lo ha hecho ya, porque la NFL no espera por nadie. Los motivos del mal funcionamiento parecen más errores de concentración que un problema estructural, pero esta noche se miden a unos Tampa Bay Buccaneers que no perdonan este tipo de despistes.

El espíritu de pistolero de Jameis Winston, las manos de Mike Evans y la velocidad de DeSean Jackson serán un buen examen para ver si tanto Belichick como Matt Patricia han conseguido la forma de ponerle el candado a su end zone antes de que sea demasiado tarde.

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