La NFL se ha ido convirtiendo, sobre todo en la última década, en una competición quaterbackcentrista. Las franquicias están desesperadas por conseguir una cara para sus proyectos y en todos los drafts se cometen locuras por intentar conseguir al próximo Aaron Rodgers. Los Chicago Bears fueron una de esas franquicias en la última lotería, subiendo del puesto número 3 al 2 para hacerse con Mitchell Trubisky.

Fue un movimiento sorprendente. No tanto por el hecho de enamorarse de un QB rookie en sí, muchos lo hacen, sino porque pocas semanas antes le habían firmado un buen contrato a Mike Glennon, un pasador con experiencia, pero de la clase media de la liga (siendo generosos).

Más sorprendente fue si cabe la decisión de darle la titularidad al veterano de inicio y dejar en el banquillo la cesta en la que habían puesto la mayoría de huevos de su futuro. La idea de los Bears, posiblemente infravalorándose a sí mismos, era no quemar al novato en una temporada en la que preveían no ser competitivos.

No contaban con que su defensa iba a rendir a gran nivel y que su juego de carrera estaría entre los mejores de la NFL en este inicio de campeonato. Y el gran problema es que esos dos factores no han sido suficientes para ganar más que un partido de los tres primeros por el lastre que supone Glennon. En el último encuentro ante Green Bay tuvo dos intercepciones y dos pérdidas de balón, la gota que colmó el vaso.

Porque los Bears se han dado cuenta de que pueden ganar partidos ya este año si tienen alguien competente lanzando el balón. Y ese alguien es Trubisky. O al menos eso esperan. El joven salido de Carolina del Norte dejó grandes sensaciones en pretemporada y esta noche cerrará, en prime time, la quinta jornada del campeonato.

El rookie tiene un gran examen ante la defensa de los Vikings, pero también un escenario perfecto para empezar a demostrar por qué la franquicia de Chicago decidió lanzarse a por él. De los cuatro primeros QB elegidos en el último draft será el tercero que debute. Hasta ahora, cara y cruz para sus colegas, con DeShone Kizer perdiéndose en la espiral negativa de los Browns, pero con Deshaun Watson brillando con los Texans. Pronto veremos de que lado cae la moneda de Trubisky.

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