Por mucho que los propietarios, e incluso el propio presidente de los Estados Unidos, no lo quieran, la NFL se ha convertido en el vehículo de las protestas contra la desigualdad en Norteamérica. El detonante de todo esto fue Colin Kaepernick, primero en arrodillarse durante el himno nacional, acción que le ha costado quedarse sin hueco en ninguna de las 32 plantillas de la liga.

El quaterback de Wisconsin había permanecido en silencio mientras veía como jugadores de menor nivel sí encontraban acomodo. Hasta ahora. En un nuevo capítulo de este culebrón, Kaepernick ha demandando a la NFL por presunta conspiración por parte de los dueños de las franquicias. El jugador argumenta que si no tiene trabajo es simplemente por haberse posicionado políticamente en público, algo que ha provocado que todos los propietarios se hayan puesto de acuerdo para no ponerle un contrato encima de la mesa.

Su abogado, Mark Gregaros, emitía un comunicado confirmando la queja formal, asegurando que “si la NFL todavía es una meritocracia, las protestas pacíficas no deberían ser castigadas y no debería negársele el trabajo a los deportistas (…) el objetivo de Colin Kapernick siempre ha sido ser tratado de manera justa (…) y poder volver a un terreno de juego”.

Puede que no le falte razón a Kaepernick. Porque quizá no sea el mismo QB que llevó a los 49ers a la Super Bowl hace unos años, pero es difícil defender que ahora mismo haya 64 jugadores mejores que él en su posición (titulares y suplentes). En lo que va de temporada se han visto algunas actuaciones bochornosas por parte de diferentes quaterbacks y ni las lesiones han provocado que Colin haya recibido una llamada.

Con esta demanda se iniciará un proceso legal que, en el peor de los escenarios, supondría un duro palo para la NFL. Porque el actual convenio colectivo que rige las relaciones entre la liga y los jugadores estipula que el acuerdo puede romperse si existen pruebas de que haya habido conspiración contra un futbolista. Al actual convenio todavía le quedan tres años de vigencia y si se tuviera que negociar ahora serían los jugadores los que tendrían la sartén por el mango.

De todas formas, parece complicado que llegue a demostrarse. Porque no han sido pocos los indicios de que si Kaepernick está sin equipo no es cuestión de su calidad como QB. El entrenador de los Ravens dijo que no le importaría ficharlo cuando Flacco se lesionó, pero la operación acabo descartándose, o eso se hizo ver, por un tweet de la novia del jugador. Recientemente, el mandamás de los Titans fue más explícito cuando fichó a Weeden tras caer Mariota: “No queremos este circo”.

Pero el problema es encontrar pruebas de que esto va más allá que simples comportamientos individuales y que sí existe un acuerdo entre todos los propietarios para no ofrecerle trabajo a Kaepernick bajo ninguna circunstancia.

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