La noticia de este jueves noche en la NFL no fue la sorprendente victoria de los Jets ante los Bills en el encuentro inaugural de la Semana 10. Fue una nueva lesión que pone fin a la temporada de otro jugador. Otra estrella. Porque en eso se ha convertido ya Deshaun Watson a pesar de llevar sólo unos meses en la liga. El quarterback de los Houston Texans se rompió el ligamento cruzado en un entrenamiento y no podrá volver a jugar esta temporada.

La noticia es terrible para él, por supuesto, para la franquicia y, por este orden, también para la NFL. Porque ahora mismo pocas cosas más divertidas había en la competición que ver a Watson dirigir el ataque texano. Sobre todo tras su última actuación en Seattle, donde se consagró con una brillante actuación ante la temible defensa de los Seahawks, ganándose los elogios de la ‘Legion of Boom’.

Pero su exhibición de la semana pasada sólo fue la guinda a lo que estaba siendo la candidatura más firme para rookie del año, en un mano a mano con Kareem Hunt. Watson comenzó como suplente, pero no desaprovechó la oportunidad cuando se la dieron. En sus siete encuentros en la NFL ha anotado 19 touchdowns, liderando la liga junto a Carson Wentz, ha superado las 1.500 yardas de pase y casi acumula 300 de carrera. Ha batido ya varios registros para un jugador de primer año y llevaba camino de firmar alguno más.

Él sólo se había encargado de convertir un ataque anémico como el de los Texans, cuarto peor la temporada pasada, en una máquina de poner puntos en el marcador. Lideraban la NFL en este apartado, promediando más de 30 por partido, y estaba sosteniendo a un equipo que ya había perdido a dos de sus piezas clave en defensa. Sin Watt, Mercilus y, ahora, sin Watson, el equipo tendrá que despedirse de sus esperanzas de repetir playoffs.

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