Cada vez es más habitual en la NFL ver a grandes equipos lastrados porque alguna de sus unidades apenas tiene nivel para estar en la liga. Es el caso de los Seattle Seahawks, que siguen contando con la defensa dominante de los últimos años, pero que no consiguen solucionar el problema que tienen con una línea ofensiva que, como el año pasado, no es capaz de proteger a su quarterback, ni mucho menos abrir huecos para los corredores.

Esta noche abren la Semana 10 ante los Cardinals en un importante duelo divisional y la única respuesta que tendrán en ataque será, de nuevo, todo lo que pueda inventar Russell Wilson. El QB se pasa los encuentros corriendo por su vida y aún así es capaz de arreglárselas para hacer milagros. Es el tercero que más pases intenta y también el que más yardas suma lanzando el balón, pero es que además es el jugador de su equipo que más yardas de carrera acumula, superando a todos sus running backs.

El encuentro de la semana pasada ante los Redskins fue un claro ejemplo de lo solo que está Wilson en ataque. La línea, además de ser un coladero que impide avanzar con facilidad, no paró de cometer penalizaciones que echaban para atrás al equipo. Y, por si fuera poco, el kicker falló tres field goals en la primera parte que habrían supuesto una ventaja suficiente como para ganar el encuentro.

Es difícil saber hasta cuándo la defensa aguantará de un ataque tan improductivo, porque hasta al propio Wilson se le empieza a ver más nervioso de lo habitual y cometiendo errores que incluso pueden ser entendibles debido a la gran responsabilidad que supone cargar con todo el peso de la ofensiva.

Pero lo cierto es que los Seahawks deben mejorar rápido si quieren mantener su estatus de favorito dentro de la Conferencia Nacional. El año pasado ganaron la división por incomparecencia de sus rivales, pero este año los Rams van lanzados y podrían tener que jugarse los playoff en una plaza de wild card que promete estar cara, viendo los récords actuales de Cowboys o Panthers.

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