Los hermanos Manning tienen las caras más famosas del fútbol americano. Pese a que los cascos impiden ver bien la expresión bajo la máscara, todo el mundo se ha fijado en alguna ocasión en el tamaño de la frente de Peyton, que inspiró un meme de internet, y en el catálogo de muecas que los dos hermanos muestran ante la adversidad. Lo que no habíamos conocido hasta ahora eran las lágrimas de un Manning. Eli tuvo que hacer un esfuerzo para aguantárselas al confirmar la noticia que concentra la atención esta semana en la NFL. Cuando este domingo comience en California el encuentro entre los New York Giants y los Oakland Raiders, Eli Manning ocupará un puesto de suplente en el banquillo por vez primera desde el año 2004, rompiendo una racha de 210 titularidades.

Los Giants son un desastre: han ganado dos partidos y perdido nueve en lo que va de temporada, anotando solo 15,6 puntos por encuentro, el penúltimo peor registro ofensivo de la competición. Su quarterback desde el año 2004 solo ha figurado una vez entre los diez mejores pasadores de la NFL y es el primero de la historia en acumular 100 derrotas con un mismo equipo.

Pero Eli Manning no es solo eso. Es el número 1 del draft que se negó públicamente a jugar para los San Diego Chargers y logró que lo traspasasen al mayor escaparate del mundo, Nueva York. Es el que todos conocían como hermano pequeño de Peyton, un hall-of-famer, y que acabó ganando dos Superbowls antes que él, siendo nombrado mejor jugador en ambas finales. Es el que en 2008 frustró la temporada invicta de los New England Patriots en un momento para la historia del deporte.

A sus 36 años, Eli Manning no pensaba que le iba a pasar esto, que mediada la temporada su entrenador Ben McAdoo iba a decidir sentarlo para probar a otro quarterback, Geno Smith, en su lugar. Llevaba 210 partidos seguidos ordenando el ataque de los Giants, la mayor racha de un jugador en activo y una marca que solo había superado hasta la fecha Brett Favre, con 297 titularidades. Como norma, solo una lesión trunca estas rachas de los mariscales de campo que han conducido a su franquicia al título. Pero a Manning lo apartan del mando por decisión técnica. Resulta casi una humillación que, salvo sorpresa, marcará el punto de no retorno para la historia compartida del jugador y la franquicia.

En Estados Unidos no cesa el debate sobre su suplencia: están los que hablan del respeto que se le debe a una leyenda de los New York Giants, y están los que opinan que los resultados priman sobre el sentimentalismo. Hay otra forma de verlo, también. Con Odell Beckham Jr., su receptor de élite, lesionado, y unas líneas huérfanas de talento en ataque y defensa, Manning no es el mayor problema de los neoyorquinos.

Se sabe que, como solución intermedia, McAdoo le ofreció a su número 10 ser titular para conservar su registro, pero dejándole claro que lo relevaría al comenzar el encuentro. Eli reaccionó con dignidad: “Ponerme de inicio solo para mantener la racha y saber que no voy a terminar el partido o tener la oportunidad de ganarlo no tiene sentido, mancha mi récord y no es justo ni para mí ni para Geno”. Esas declaraciones, además de honrarlo, demuestran que si le dan la oportunidad, Eli Manning tiene hambre de comenzar otra racha nueva.

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