En la NFL no se puede dar nada por hecho. Esta afirmación, que a pesar de repetirla hasta la extenuación sigue siendo ignorada semana tras semana, es la que provoca que triunfos como el de los Seahawks ante los Eagles nos dejen con la boca abierta. Porque, a priori, el encuentro tenía todos los ingredientes para ser un paseo de los de Philadelphia. Su temporada está siendo espectacular, con un ataque imparable y una defensa que tritura rivales, y se encontraban con un equipo que se ha ido desmotando por las bajas en defensa y con poca consistencia en ataque.

Con lo que no contaban Carson Wentz y los suyos es con el orgullo de una franquicia que ha dominado la Conferencia Nacional durante el último lustro y, de momento, no está dispuesta a ceder el trono. Con una secundaria de circunstancias después de las lesiones de Sherman y Chancellor, los locales centraron la presión en las trincheras, parando por completo el juego de carrera de su rival y metiendo mucha presión al quarterback.

La ofensiva de los Eagles llegaba a Seattle como una de las más poderosas, superando los 30 puntos de media por encuentro y con Wentz como candidato a MVP con sus 28 pases de touchdown. Al final del encuentro salieron del CenturyLink Field con 10 puntos. Eso fue todo. Un field goal en la primera parte y un TD en la segunda, reivindicando el trabajo de una de las mejores defensas de la última década.

Aunque lo que más debe preocupar al hasta ayer mejor equipo de la NFL ocurrió al otro lado del balón. Porque independientemente de que la teoría para frenarlos sea más o menos sencilla, hacen falta unos mimbres que pocos tienen además de los Seahawks. Pero donde se le vieron las costuras, donde los Eagles sangraron por primera vez, fue en defensa.

Nadie, a excepción de los Chiefs en la semana 2, había sido capaz de resolver el sudoku de la cobertura dirigida por Jim Schwartz. Un front seven agobiante y una secundaria pegajosa, sin puntos débiles. Ya no. Los Seahawks, a pesar de sus limitaciones en ataque, sobre todo por una línea ofensiva más que sospechosa, fueron capaces de mover las cadenas desde el primer momento.

Y lo peor para los Eagles es que pueden haber establecido un patrón para que los demás rivales lo aprovechen. Con formaciones abiertas, dejando incluso a Russell Wilson muchas veces sólo en el backfield, volvieron loca a una defensa que siempre llegaba un segundo tarde. Con los obvios toques de magia del genial quarterback, los Seahawks le hicieron 24 puntos a un equipo que apenas estaba encajando 15 por partido.

La NFL no espera a nadie y el cambio de orden en la Nacional parece imparable, con cuatro líderes de división que el año pasado no entraron en playoff. De todas formas, no conviene olvidar el punto competitivo que ejemplifican a la perfección los Seahawks, campeones que no tirarán la toalla mientras tengan una opción.