Nadie que siga la NFL puede negar que el fútbol americano es un deporte agresivo y violento. Una actividad física que lleva el cuerpo humano al extremo y cuya dureza está fuera de toda duda. Y por si a alguien se le olvida, de vez en cuando siguen produciéndose lesiones sobrecogedoras que nos lo recuerdan, como la que sufrió el pasado lunes Ryan Shazier, linebacker de los Pittsburgh Steelers.

En una de las primeras jugadas en el encuentro contra los Cincinnati Bengals, el jugador fue a placar a un rival con la cabeza por delante y terminó, literalmente, con el cuello hundido entre los hombros. Las duras imágenes revelaron al instante que se trataba de una lesión seria. Ryan Shazier perdió en el momento la fuerza en las piernas y se llevó la mano a la espalda, consciente de la gravedad del golpe.

Tuvo que ser sacado del campo en camilla y trasladado a un hospital, donde se le diagnosticó una lesión en la columna vertebral. Las primeras evoluciones fueron esperanzadoras, ya que comenzaba a recuperar la movilidad en las extremidades, aunque no en todas a la vez.  En principio no iba a pasar por el quirófano, pero Shazier acabó siendo trasladado en helicóptero el pasado miércoles a Pittsburgh, donde fue operado con éxito para estabilizar la columna.

La preocupación para todos los que vieron la acción fue más allá de lo deportivo. Porque esta lesión pone en peligro no sólo la brillante carrera de Shazier en el fútbol americano, sino que puede dejarle secuelas de cara al futuro en el día a día. Algo que la extrema dureza de este deporte nos recuerda cada semana y que esta temporada ha dejado ya varias lesiones graves.

Shazier, de 25 años, es uno de los mejores en su posición en la NFL y estaba liderando la gran defensa de los Steelers. Pero eso ya no importa, porque los próximos meses serán decisivos en la recuperación del jugador y tanto él como la franquicia deben plantearse los riesgos que conllevan que regrese a un emparrillado.

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