No va más. La suerte está echada en la NFL, que comienza a recoger los trastos de otra gran temporada y prepararse para el plato fuerte de la Super Bowl LII, el próximo 4 de febrero en Minnesota. Dos protagonistas quedan en pie. Uno, esperado, los New England Patriots, otro, el aspirante, Philadelphia Eagles. Lo cierto es que, más allá de todos los condicionantes y las circunstancias de cada eliminatoria, se pelearán por el anillo los dos mejores equipos de cada conferencia, puesto que ambos terminaron en primera posición de la suya durante la temporada regular.

Dicho esto, nada fue lo que parecía. Vistos los dos emparejamientos, podía anticiparse una paliza y un partido a cara de perro. Así fue, pero no en el orden esperado. Porque la batalla campal se vivió en Foxborough con unos Jaguars que obligaron a los campeones a sacar su mejor versión. Con su habitual fortaleza en defensa y un ataque de escándalo a lomos de un imparable Fournette, los de Jacksonville lograron irse 10-17 al descanso y dando la sensación de que el resultado era corto.

Para ponerle una muesca más a una nueva gesta de Tom Brady, Gronkowski no pudo jugar el segundo tiempo por una conmoción cerebral. El más difícil todavía. No importó. Los Patriots subieron el nivel de agresividad en defensa y lograron limitar a los Jaguars, poniendo a su quarterback en disposición de ganar. No falló, tampoco a los 40 años. En un par de drives de escándalo (conversión de 3 & 18 incluida) completó la remontada con la ayuda de un Amendola estelar, un fijo en este tipo de citas. New England jugará su décima Super Bowl, la octava para Brady, que ha alcanzado la lucha definitiva por el anillo en la mitad de las temporadas que ha sido titular en la NFL.

En el otro lado estarán unos Eagles que se quedaron sin su QB estrella, algo que no pareció tal en la final ante los Vikings. Tocado por una varita, y con la excelente tutela de su entrenador Doug Pederson, Nick Foles completó un encuentro a la altura de los más grandes. Bombas bajo presión, precisión en la ejecución y una gran lectura del juego para desarbolar a una de las mejores defensas de la liga. Sus cifras, 26 de 33 para 352 yardas y tres touchdown, lo dicen todo.

Y eso que el encuentro había empezado de cara para los de Minnesota. Con un drive inmaculado, se pusieron por delante sin que la cobertura de los Eagles se diera ni cuenta. Todo cambió poco después, con una intercepción a Keenum que puso en marcha la trituradora. Los Vikings nunca pudieron con la defensa local ni tampoco parar a una ofensiva que castigó cada error en una paliza de época (38-7), que termina con el sueño vikingo de jugar la Super Bowl en su casa.