Cuando uno ve jugar a New England Patriots, una de las mayores dinastías de la historia del deporte, da la sensación de que se sienten invencibles. Lo pareció así en su último título ante los Falcons e incluso el pasado fin de semana contra los Jaguars. Pero incluso ellos, leyendas andantes como Bill Belichick o Tom Brady, cuentan con un rival al que temen más que a nada: la superstición. Por eso han elegido jugar de blanco la Super Bowl LII, color que han vestido en la final 12 de los últimos 13 campeones.

Lo curioso de esta historia es que los Patriots, como ocurre todos los años pares con el equipo que representa a la Conferencia Americana, ejercen de local. Y su equipación blanca es la que utilizan habitualmente para jugar lejos de Foxborough. Pero precisamente su condición de local es la que le permite elegir primero la vestimenta y parecen no haber dudado ni un segundo. Porque cuidan hasta el más mínimo detalle. También el azar.

Esta superstición ha ido creciendo con los años como una bola de nieve y se inició, precisamente, con los mismos protagonistas que pelearán por el título en esta temporada. En 2005, Brady y los suyos se enfrentaron a los Eagles para llevarse lo que entonces era su segundo anillo consecutivo, tercero en cuatro campañas.

Lo hicieron vistiendo de blanco, como los Steelers de Roethlisberger en 2006 y 2009, como Peyton Manning con Colts y Broncos en 2007 y 2016, como Flaco con los Ravens, como Wilson, con los Seahawks… y así durante los últimos 13 años con una única excepción que confirma la regla: los Packers de Aaron Rodgers. Así es, hizo falta que la magia de uno de los mejores quarterbacks para romper esta superstición que todos parecen tomarse muy en serio.

La franquicia de New England afronta su décima presencia en la Super Bowl, octava en el presente siglo. Dos veces han desafiado a la suerte vistiendo con su equipación local, la azul marino, y en ambas salieron derrotados frente a los Giants con jugadas en las que, además, la fortuna les dio la espalda. Como en el recordado ‘helmet catch‘ que los privó de la temporada perfecta. El destino les presentó la oportunidad de acabar con la superstición y agarrarse al dicho de que a la tercera va la vencida, pero queda claro que hay puertas que ni los más grandes se atreven a abrir.