Se acabó la sequía en Philadelphia. Los Eagles completaron su gran cuento de hadas de esta temporada y fueron capaces de destronar a la gran dinastía de los New England Patriots en una Super Bowl LII que pasará a la historia por la exhibición que dejaron sobre el emparrillado los ataques de los dos equipos.

Se esperaba un encuentro con mucho barro. La gran defensa de los Eagles y las mentes privilegiadas de Belichick y Patricia debían privarnos en principio de cualquier tipo de fuegos artificiales. Nada más lejos de la realidad. Tras unos primeros drives de tanteo, los ataques se hicieron dueños de la cita, como si de un All Star se tratase.

No pudieron nunca las coberturas con Tom Brady, tampoco con un Nick Foles que aprovechó al máximo su oportunidad después de la lesión de Carson Wentz hace unas semanas. El quarterback suplente cuajó otro enorme encuentro, fue nombrado MVP y dentro de unos meses se convertirá en un hombre muy rico.

Los Eagles fueron siempre por delante, pero, como en una película vista tantas y tantas veces, los Patriots fueron inclinando poco a poco el campo a su favor. Los puntos seguían sucediéndose y apenas se vio un punt en toda la noche (uno de los innumerables récords que cayeron en esta Super Bowl).

La conexión Brady – Gronkowski ponía a New England por delante por primera vez en el partido después de que la defensa limitara al ataque rival a ‘sólo’ un field goal, oro en un partido así. Lejos de arrugarse, los Eagles volvieron a recuperar el liderato con otro touchdown (38-33), pero un solo inconveniente: algo más de dos minutos en el reloj para que Brady ganase el encuentro.

Fue entonces, con el partido agonizando, cuando una de las defensas se dignó en aparecer. Graham cazó por primera y única vez al quarterback de New England y forzó un fumble para recuperar la pelota. Fue suficiente. La nueva posesión le sirvió a los Eagles para quemar el reloj y anotar tres puntos más que le aseguraban, al menos, la prórroga. No fue necesaria a pesar de que, ya moribundos, los Patriots metieran el miedo en el cuerpo con un último lanzamiento a la end zone, El balón rozó los dedos de Gronkowski, pero se le escapó igual que el título y la eternidad a los suyos.