La semana no había empezado nada bien para New England Patriots con su derrota en la Super Bowl LII, pero no estaba haciendo más que ponerse peor. Matt Patricia y Josh McDaniels, que a las órdenes de Bill Belichick han sido la santísima trinidad de la franquicia, dejaban sus puestos de coordinadores de defensiva y ataque, respectivamente, para convertirse en los nuevos entrenadores de Detroit Lions e Indianápolis Colts. Ambas contrataciones se hicieron oficiales, haciendo valer el acuerdo verbal adquirido hace unas semanas, pero parece que sólo la palabra de uno de ellos tiene valor, al menos de aquí en adelante para la NFL. Porque Patricia sí hizo honor a ese acuerdo, pero a última hora del martes, Josh McDaniels le comunicó a los Colts que daba marcha atrás y que prefería seguir como responsable de la ofensiva en Nueva Inglaterra.

En Indianapolis el cabreo fue monumental, como era de esperar. Tenían todo montado para su presentación, habían citado a la prensa para una rueda de prensa e incluso tenían definido el cuerpo técnico al gusto de McDaniels, contratando, renovando o dejando marcharse a diferentes miembros a petición del que, hasta ayer, iba a ser su nuevo head coach. Los Colts, “sorprendidos y decepcionados”, según su propio comunicado, tendrán que retomar la búsqueda en los próximos días y contratar a otro líder para la próxima temporada.

Aunque no ha trascendido el motivo de plantón de McDaniels a los Colts, las teorías son innumerables. La primera, obviamente, el vértigo. Hace mucho frío fuera de los Patriots y él lo sabe mejor que nadie. Ya salió de Foxborough hace unos años coger el puesto de entrenador en Denver Broncos y el descalabro fue mayúsculo. No fue el único. Muchos entrenadores y también jugadores no han vuelto a rendir una vez salidos de la órbita de Belichick.

Los Patriots también han tenido algo que ver. Como pasara en 2005, precisamente después de otra Super Bowl contra los Eagles, entonces con final feliz, Belichick también perdiera a sus dos coordinadores y tardó tres años en volver a llegar a otra final. Entre eso y los rumores del mal ambiente entre él, Robert Kraft, propietario, y Tom Brady, comenzaba a rondar la sombra del fin de una era. Belichick y Kraft mantuvieron una reunión con McDaniels para tratar de convencerlo a la desesperada. Sobre la mesa, seguramente, y aunque lo niegan desde dentro, las llaves del Gillette Stadium y plenos poderes para cuando Belichick decida dejarlo, un Belichick que ya hizo un movimiento similar cuando llegó a los Patriots, dejando a los Jets en el altar. Porque resulta difícil imaginar que haya un futuro en otro equipo para McDaniels en la NFL, donde su reputación como persona, como entrenador ya le había costado reponerla tras lo de Denver, queda hora muy tocada ante los propietarios de la liga.

Pero la situación de los Colts es la otra pata del banco. Tras la marcha de Peyton Manning, en Indianapolis no han hecho otra cosa que vivir de Andrew Luck, uno de los mejores quarterbacks de la nueva generación, pero que arrastra una grave lesión en el hombro que apenas le ha permitido jugar en los últimos dos años. McDaniels, una mente privilegiada acostumbrada a un tal Tom Brady ejecute sus jugadas, tenía en Luck una materia prima que podía dar forma a sus ideas. Pero, ¿Y si su recuperación no va tan bien como se esperaba? ¿Estaba seguro McDaniels de poder contar con Luck o tendría que buscar otro quarterback? Más allá de eso, los Colts tenían poco con lo que empezar y eso ha terminado por frenar el siempre jugoso salto a los banquillos y quedarse a la apuesta segura, aunque quizá cortoplacista en estos momentos, que siempre ofrecen Belichick y Brady