A veces cuesta distinguir un sorteo de lotería del draft de la MLB, un larguísimo proceso en medio de la temporada en el que las franquicias se adjudican proyectos de jugadores que a menudo jamás llegan a desarrollarse. Entre sus procelosas aguas asoman historias peculiares. Una leyenda del béisbol, el hall-of-famer Mike Piazza (aquel catcher de los New York Mets conocido fuera de los círculos deportivos por una canción de los escoceses Belle & Sebastian) fue elegido en la ronda 62, el número 1.390 del total en 1988. Russell Wilson, quarterback campeón de la NFL con los Seattle Seahawks, fue más codiciado que Piazza en su día: fue el 1.222 de su draft en 2007. Y ahora lo quieren los New York Yankees, o quizás sería más exacto decir que a él le hace ilusión vestir el uniforme del mítico equipo y estos le han cumplido el capricho.

Wilson ya tuvo una pequeña experiencia como segunda base en los Colorado Rockies. Los Texas Rangers adquirieron sus derechos en otro draft en 2013 y ahora acaban de ceder al deseo de la estrella de la NFL para traspasar esa opción a los Yankees. Según la ESPN, los neoyorquinos decidieron cumplir un anhelo de hace tiempo del quarterback, que se dejará caer por algún campamento de su franquicia favorita esta primavera, algo que ya hizo con los Rangers. “Aunque el fútbol americano es mi pasión y el modo en que me gano la vida, el béisbol sigue siendo una parte importante de dónde vengo y quién soy el día de hoy. He aprendido tanto en el campo de béisbol que se traduce a mi juego en lo físico y mental al jugar como quarterback en la NFL“, expresó el 3 de los Seahawks en un comunicado.

Sin embargo, no hay planes de que Russell Wilson emule a otros superhéroes del deporte como Bo Jackson y Deion Sanders, que en los años 80 fueron capaces de compaginar carreras exitosas como profesionales en la NFL y la MLB. No lo hará, entre otros muchos motivos, porque como mariscal de campo es la pieza angular de un equipo, el de Seattle, que no está dispuesto a permitir el mínimo riesgo de lesión en un deporte ajeno de uno de los jugadores mejor pagados del fútbol americano. Al menos sí podrá vestirse la famosa gorra negra con letras blancas de los Yankees.

Su caso no es único. Otros quarterbacks que han corrido peor suerte que él en el emparrillado, como Colin Kaepernick, Michael Vick o Johnny Manziel, por citar algunos de los más recientes, fueron drafteados por equipos de béisbol profesional. También la máxima figura de la NFL, Tom Brady, recibió la selección de los Montreal Expos en 1995, aunque acertó al preferir el balón ovalado al diamante.

La afición del béisbol por jugadores de otros deportes no se limita al fútbol americano. Danny Ainge, mito de los Boston Celtics y actual general manager de los verdes, jugó tres temporadas como profesional en los Toronto Blue Jays. Michael Jordan intentó ser profesional durante su misteriosa ausencia de la NBA en 1994, pero se quedó en las ligas menores. Aunque nadie fue tan multiusos como Charlie Ward: ganador del galardón al mayor talento del fútbol americano universitario, el Trofeo Heisman, en 1993; seleccionado por los New York Yankees en 1994; buen jugador amateur de tenis; y número 26 del draft de la NBA, elegido por los Knicks. Esta última fue la carrera que escogió, aunque nunca brilló tanto como profesional del baloncesto como lo hizo como universitario con casco.

Russell Wilson no va a quitarse el suyo por ahora para coger el bate.