Nada gusta más a los estadounidenses que una buena historia de redención. Johnny Manziel, chico maravilla del fútbol americano -el primer freshman en ganar el prestigio Trofeo Heisman en la universidad-, convertido después en bala perdida en tiempo récord, acaba de empezar a escribir la suya. Veremos qué tal le sale. El primer paso lo ha dado en uno de esos programas matinales de televisión, que ven padres y madres de toda condición, no únicamente fanáticos del deporte. Allí el quarterback contó que ha sido diagnosticado con trastorno bipolar, y que esa condición determinaba todo su comportamiento posterior: “Me estaba automedicando con alcohol. Era lo que pensaba que me mantenía feliz y me ayudaba a salir de esa depresión hasta el punto en el que sentía que tenía alguna percepción de felicidad”.

Una búsqueda de noticias sobre Johnny Manziel entrega titulares como estos: Manziel destroza una mansión en una fiesta llena de drogas; Manziel compra una ronda de 300 chupitos de whisky; Manziel toma champán durante una fiesta que dura dos noches; Manziel, su prometida y dos pibones la gozan en una fiesta topless en la playa; etc. Da para hacerse una idea de la deriva que tomó la vida del muchacho que se había ganado el apelativo de Johnny Football durante su paso por la Universidad de Texas. El mismo que fue seleccionado en primera ronda del draft por los Cleveland Browns de la NFL y que acabó siendo despedido antes de completar dos años de profesional por su flojo rendimiento en el campo y su excelente rendimiento en las discotecas.

La liga lo suspendió durante cuatro partidos en su segunda temporada por consumo de alcohol, mientras su familia pedía ayuda porque el muchacho se había convertido en un adicto. Verse fuera del fútbol americano no le sirvió de toque de atención. La policía lo arrestó en 2016 por un caso de violencia doméstica contra su expareja, aunque los cargos fueron retirados cuando él aceptó entrar en rehabilitación.

Ahora Manziel, de tan solo 25 años, sostiene que desde hace un año cuenta con un diagnóstico que revela un problema mental subyacente. Localizado el problema, trabaja en la solución. Ha dejado el consumo, trata su enfermedad y busca un equipo que le quiera dar una oportunidad. “Quiero volver al terreno de juego que me dio tanta felicidad en mi vida”, declaró. Ahora hace falta un equipo que le quiera entregar el puesto de quarterback para que su redención pueda continuar.

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