Una de las grandes preocupaciones de cualquier equipo en cualquier disciplina deportiva es cómo se comportan los jugadores en su tiempo libre. Los clubes invierten muchísimo dinero en jóvenes estrellas y quieren controlar hasta el más mínimo detalle, conscientes de que, en muchos casos, el nivel de sentido común suele ser inversamente proporcional a sus cualidades físicas. En la NFL esto se multiplica de manera exponencial, ya que entre el último partido de la temporada regular y el inicio de la siguiente transcurren nueve meses.

Las últimas víctimas de esa travesía en el desierto han sido los San Francisco 49ers, para los que no todo iba ser alegría tras lo de Garoppolo, y su linebacker novato Rueben Foster. Bueno, en el caso de Foster lo de víctima hay que tomárselo en sentido figurado, porque su rol en esta historia es de, por ahora, supuesto agresor. Hace apenas mes y medio que terminó el curso NFL (unas semanas si contamos los playoff y la Super Bowl) y el joven jugador de 23 años ya ha sido detenido por la policía en dos ocasiones. En dos estados diferentes.

La primera fue en Alabama el 13 de enero, cuando lo pillaron con marihuana. Pagó 2.500 dólares de multa y salió libre. Sin problemas. Un pecado de juventud, dirán algunos. Sólo la punta del  iceberg dirán otros, probablemente los más acertados. Porque Foster volvió a ser detenido esta semana por algo mucho más grave: violencia doméstica. Esta vez en Los Gatos, California, la policía recibió una llamada alertando de un posible altercado y se llevaron al jugador tras encontrarse con él y la víctima. Para poner la guinda, los agentes también se encontraron con que Foster estaba en posesión de un rifle de asalto.

El linebacker pagó una fianza de 75.000 dólares y ya ha salido en libertad, pero en los próximos meses se enfrenta a multas, suspensiones e incluso a pena de cárcel. Más allá de lo que pueda sucederle cuando se enfrente a la justicia, la NFL suele mostrar mano dura en este tipo de delitos, como ya le sucedió esta misma temporada a Ezekiel Elliott. El corredor de los Dallas Cowboys fue suspendido con seis partidos a pesar de ser declarado inocente también en un caso de violencia doméstica. La liga sabe que tiene un problema con este tipo de sucesos y pretende cortarlo de raíz cuanto antes.

De todas formas, y desgraciadamente para la NFL, el de Foster no es un caso aislado. La historia de la competición está llena de jóvenes con gran talento que se quedan a medio camino por problemas de carácter, o peor. Este mismo año hemos visto cómo Josh Gordon, un receptor llamado a marcar época cuando llegó a los profesionales, afrontaba su enésimo intento de volver a competir después de numerosos problemas de alcohol y drogas.

Las franquicias son cada vez más exhaustivas con este tipo de problemas y en el proceso previo al draft analizan el comportamiento de las futuras estrellas casi tanto como su capacidad para el juego. De hecho, Reuben Foster ya llegaba con una serie de contras. Fue rechazado en el ‘Draft Combine’ por diluir una muestra de orina y tuvo un encontronazo con personal del hospital, dando muestras de un carácter peligroso que ya lo había acompañado durante su carrera universitaria.

Ese temperamento y unos problemas en el hombro lo hicieron caer hasta el final de la primera ronda cuando, según todos los analistas, era un talento Top 10. Los 49ers decidieron arriesgarse con él y puede que acaben arrepintiéndose, sea cual sea la decisión que tomen ahora. Porque en sólo unos meses ha demostrado que todo era cierto. Sobre el campo se ha visto a un jugador que puede dominar la posición de linebacker los próximos años, pero al mismo tiempo tuvo que perderse varios partidos por lesión y ahora no ha tardado ni unos meses en tener dos problemas con la justicia, uno de ellos muy grave.

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