La NFL no vive su mejor momento en lo que respecta a imagen pública. La liga de fútbol americano, siempre perdedora en la comparación con la NBA en lo que se refiere a iniciativas sociales, ha añadido a sus ya habituales polémicas de drogas y violencia machista entre los atletas, la de la discriminación racial. Esta última tiene un calado más profundo, en parte, porque enfrenta a gran parte de los jugadores con la mayoría de propietarios. La gasolina de este incendio es Colin Kaepernick, que mantiene un tira y afloja con la NFL desde hace más de un año, cuando se le ocurrió protestar contra la brutalidad policial en Estados Unidos arrodillándose durante el himno nacional.

Desde ese momento el quarterback, entonces en los San Francisco 49ers, dejó de ser noticia por lo que hacía sobre el campo, básicamente porque ningún equipo le ha vuelto a ofrecer un contrato. El jugador, venido a menos tras un inicio de carrera prometedor, vio pasar los días sin que nadie se interesase en sus servicios, en un principio porque ya no daba el nivel. Esa excusa pronto empezó a quedar en evidencia cuando muchas franquicias contrataban a QBs de currículum dudoso e incluso algunas, como los Dolphins, sacaban del retiro a un Jay Cutler que ya había cambiado el emparrillado por las cabinas de televisión.

Pasó la temporada, se lesionaron muchos pasadores y Kaepernick siguió sin recibir la llamada a pesar de que él siempre se mostró disponible. De forma paralela, la polémica crecía en USA y hasta Trump lo insultó en público, cúmulo de circunstancias que llevaron al jugador a presentar una demanda contra la liga por por conspiración para no darle un trabajo.

Muchos lo tildaron de loco, pero mientras la investigación sigue adelante, esta semana su caso ha vivido un nuevo capítulo poco afortunado. Los Seattle Seahawks habían programado una sesión de entrenamiento privado con Kaepernick, proceso habitual antes de ofrecerle un contrato a los agentes libres, pero a última hora lo cancelaron. El motivo, según apunta varios medios norteamericanos, es que el quarterback rechazó rechazó responder de forma tajante cuando le preguntaron si dejaría de arrodillarse durante el himno.

Desde la NFL se filtró una versión matizada, pero que en realidad no hizo más que aumentar las sospechas de lo que para todos es un secreto a voces. Según Ian Rapoport, el motivo de que los Seahawks se echaran atrás era que Kaepernick no tenía un plan a la hora de “gestionar todo” de ahora en adelante. Que ese “todo” no era sólo cuestión del himno y que volverían a encontrarse cuando existiese ese plan.

Este nuevo encontronazo da más munición al jugador y a los que defienden que está siendo discriminado por sus protestas. Y llega al mismo tiempo que Eric Reid, compañero que se arrodillara con Kaepernick, también continúa buscando equipo a pesar de haber sido un safety más que fiable en los últimos años.

Las dos guindas a la tarta las han puesto en las últimas horas los propios Seahawks, contratando a un quarterback que nunca ha lanzado un pase en la NFL para los entrenamientos de pretemporada, y los San Francisco 49ers, que han decidido darle una segunda oportunidad a Reuben Foster, que se enfrenta a una pena de 11 años de cárcel por pegar a su pareja, romperle un tímpano y estar en posesión ilícita de armas. No, la liga no vive su mejor momento en cuanto a imagen.