Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos. Aunque esto posiblemente sea la mayor obviedad que vas a leer hoy, conviene recordarlo y pararse a reflexionar cada vez que protagoniza episodios lamentables como el último en su guerra contra la NFL. Porque a 24 horas de que los Philadelphia Eagles realizaran la tradicional visita a la Casa Blanca como campeones de la última Super Bowl, el líder del mundo libre decidió retirarles la invitación a través de un comunicado oficial emitido por él mismo.

Como si de un niño que decide cuándo poner fin a un juego porque la pelota es suya, Trump canceló cualquier acto de celebración con los Eagles porque desde la franquicia le habían comunicado que gran parte de la plantilla no acudiría a la Casa Blanca. En lugar de aceptarlo y recibir al resto, su reacción fue una pataleta infantil.

El motivo de que muchos de los actuales campeones de la NFL se negasen a ir es la insistencia del presidente en que todos debían ponerse en pie para escuchar el himno nacional. En medio de una gran polémica por los cambios introducidos desde la propia liga para la próxima temporada, los jugadores tienen claro que no van a ceder ante las presiones de nadie que coarte su libertad de expresarse.

Precisamente esta medida de los propietarios tiene mucho que ver con las quejas de Donald Trump, que en los últimos meses criticó duramente a varios jugadores. De lo que no se dan cuenta es de que se están comportando como las víctimas de chantaje que siempre tienen que conceder más. Porque si están consiguiendo algo con su equidistancia es cabrear a todas las partes.

El año pasado los Golden State Warriors ya no visitaron Washington como campeones de la NBA, aunque por iniciativa propia, y ahora es el presidente el que cancela la celebración con los Eagles. Las respuestas no se han hecho esperar por parte de muchos sectores, la mejor, la del alcalde de Philadelphia: “Desinvitarlos sólo prueba que nuestro presidente no es un verdadero patriota, sino un frágil ególatra obsesionado con las multitudes y con miedo a celebrar una fiesta a la que nadie quiera ir… El ayuntamiento siempre está abierto para celebraciones“.

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