Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le sucede lo que a mucha otra gente. Dice que no puede creer que continúe vivo el debate sobre las protestas de los jugadores mientras suena el himno del país antes del inicio de los partidos de la NFL. Fue en 2016 cuando el por entonces quarterback de los San Francisco 49ers Colin Kaepernick comenzó a arrodillarse durante la interpretación de The Star-Spangled Banner para denunciar el racismo, la brutalidad policial y la discriminación padecida por la población afroamericana. Dos años después, la competición y los propietarios de los equipos siguen buscando fórmulas para limitar la libertad de expresión de sus plantillas mientras el que pasa por ser el hombre más poderoso del planeta formula la necesidad de sofocar el incendio con gasolina.

Desde el arrodillamiento de Kaepernick, muchos otros jugadores secundaron esa rebelión, hasta 200 en una sola jornada, mientras que la liga convertía al promotor de la idea en cabeza de turco. Ninguna franquicia lo quiere contratar. La NFL formuló el pasado mes de mayo una regla según la cual prohibía a los deportistas sentarse o arrodillarse durante la interpretación de la canción nacional, aunque sí les permitía quedarse en el vestuario si así lo deseaban. El incumplimiento del mandato supondría una multa para los equipos, que tendrían libertad para sancionar a sus jugadores. Esa norma está ahora mismo en suspenso. Y Trump ha perdido la paciencia. 

El presidente cogió su teléfono móvil y tuiteó este viernes su particular propuesta: “El debate sobre el himno nacional en la NFL está vivo y coleando de nuevo. ¡No puedo creerlo! ¿No está en el contrato que los jugadores deben permanecer de pie y atender, con la mano en el corazón? El comisionado de los 40 millones de dólares (se refiere a Roger Goodell, el responsable de la liga) debe tomar una posición. Si te arrodillas por vez primera, expulsado del partido. ¡Si te arrodillas por segunda vez, expulsado para toda la temporada o te quedas sin cobrar!”

La culpa del desvelo del mandamás la tienen los Miami Dolphins. Desarrollando el mandato de la NFL, la franquicia determinó que suspendería hasta cuatro partidos a aquellos jugadores que protestasen sobre el campo. Lo establecía en un documento que alguien filtró a la prensa y en el que estas reivindicaciones contra la discriminación racial se incluían bajo un epígrafe llamado “Conductas perjudiciales para el club” junto a otras como el uso o posesión de drogas, la participación en apuestas, no cumplir el toque de queda en las concentraciones o montar en moto. 

A la luz de esa revelación, la NFL ha dado marcha atrás respecto a su plan del mes de mayo. En un comunicado conjunto con la asociación de jugadores da a entender que liga y deportistas aún siguen conversando sobre un acuerdo que satisfaga a las dos partes: “Ninguna regla relacionada con el himno será publicada o impuesta durante las próximas semanas mientras continúen estas discusiones confidenciales”. Ocurre que al presidente Trump eso de hablar las cosas con calma no le satisface y con sus declaraciones en lugar de resolver el entuerto va a prolongarlo por mucho más tiempo. 

No Hay Más Artículos