Qué orgullo tan enorme es para un futbolista encontrarse en las listas del Balón de Oro o del Golden Boy. O también ser incluido en el once o la plantilla ideal de un torneo de clubes o selecciones. Para algunas de esas fue candidato Rafa Márquez, especialmente cuando jugaba en el viejo continente. Nada que ver con el último combinado que ha apostado por la presencia del central mexicano.

Esta vez no han sido la FIFA o la UEFA, sino el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Dicho organismo le seleccionó en una lista de personas que actúan o han actuado como testaferros o prestanombres del narcotraficante Raúl Flores. De vuelta en su país, el ex de Barcelona o Mónaco soñaba con acudir como capitán a su quinto Mundial. Jugando en esa banda, su presencia peligra.

El káiser de Michoacán no podía permanecer escondido mucho tiempo, así que se apresuró a dar explicaciones. Habrá gente que le crea. Pero también tendrá público que lo considere una mera actuación ante las cámaras, cual actor secundario en alguna de las populares series de nuestro tiempo.

Ocurra lo que ocurra a partir de ahora, es innegable que su intacta imagen ha quedado dañada. En estos momentos de anhelo de consuelo, siempre podrá acudir a otros compañeros de profesión cuyos nombres y apellidos emergieron asociados a la droga o las mafias.

El último equipo europeo de Márquez fue el Verona, y precisamente en Italia cuenta con numerosos antecedentes. Padovano fue vinculado a sospechosos camiones de naranjas, Miccoli a unas extrañas tarjetas telefónicas, Iaquinta con organizaciones oscuras y Balotelli a compañías tumultuosas.

Si Márquez no se diera puesto en contacto con ellos, podría encontrar consejo mucho más cerca. Su compatriota Borgetti acudió a fiestas de impredecible final, Freddy Rincón apareció en los archivos de la Interpol y otro mexicano, Omar Ortiz,  pasó de la portería a la cárcel por su papel en una red de secuestros.

Por ahora, el todavía capitán del Tri solo ha visto su visa cancelada y sus bienes congelados por su vecino norteño. Tal vez logre revertir esa situación. Pero para su sueño mundialista solo hay un tren. Uno que se ha topado con la estación más demoníaca de su país: el narcotráfico.

No Hay Más Artículos