El regreso de David Villa a la selección española es una historia irresistible: un futbolista en general querido, espectacular en su olfato goleador, con un currículum brillante y una entrega en conseguirlo encomiable, a sus 36 años vuelve a la selección (de la que es máximo goleador histórico) después de 3 años de ausencia y tras dejar el fútbol de primer nivel para disfrutar de la vida en Nueva York.

Pero lo cierto es que el cuento de hadas del rescate de Villa para estar entre los 26 (¡26!) mejores jugadores de España no deja de acentuar un problema de la selección en la delantera. La transición en el ataque de los Torres y Villa al panorama actual no ha tenido éxito. La apuesta por Diego Costa no ha acabado de cuajar. Aduriz no encajó por perfil de juego y también tiene una edad que no permite hacer proyectos a largo plazo. Morata es un futbolista con problemas para tener regularidad y ligeramente sobrevalorado. Y… Y ya.

La segunda línea de la delantera de España que venía tras Torres y Villa no dio el salto. Soldado y Negredo se quedaron por el camino, lejos de la órbita de la selección desde hace tiempo. La aparición de Iago Aspas, con un nivel cercano a la súper élite el último año y medio, alivia la falta de nueva savia en el ataque, pero el del Celta no es un goleador como Villa. Y en la sub-21 pujante de la última Eurocopa, más de lo mismo: Sandro parece un peldaño por debajo e Iñaki Williams no es un delantero centro. El regreso de Villa a la selección española no parece tanto un guiño romántico como una llamada de socorro de Lopetegui.

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