El Manchester City continúa con su tiranía en la Premier League. Si la trayectoria del conjunto de Pep Guardiola ya estaba completando una gran temporada, la última semana le ha servido, además de para dispararse en la clasificación, para acabar de minar la moral de todo aquel que aspirara a pelearle el título. El pasado domingo derrotó al Manchester United en Old Trafford y hoy mordió el polvo el último grande de Inglaterra que faltaba por medirse a los citizens, el Tottenham de Mauricio Pochettino.

El equipo londinense sufrió el calvario que previamente habían pasado ya Chelsea, Liverpool o Arsenal y no tuvo ninguna opción ante la máquina de hacer fútbol liderada por De Bruyne y, esta vez sin David Silva, un cañón como Leroy Sané. El alemán campó a sus anchas por la banda izquierda y de sus botas nació el primer tanto, en un saque de esquina que le puso en la cabeza a su compatriota Gündogan, sorprendentemente desmarcado.

Sólo la falta de acierto del Manchester City en ataque mantuvo la ilusión de que el Tottenham podía llevarse algo del Etihad, con un dominio completo de los locales, desde el Kun Agüero hasta el mismo Ederson, que una vez más volvió a dejar muestras de que su juego con los pies supera al de muchos centrocampistas del torneo.

La resistencia de los Spurs tardó en caer lo que De Bruyne en hacer el segundo tanto. En una contra fulminante y justo después de que Dele Alli casi le partiera el tobillo, el belga se vengó fusilando a Lloris. Se desató entonces la tormenta perfecta. Gabriel Jesus falló un penalti y Sterling engordó la goleada hasta poner el 4-0 en el marcador. Eriksen, la única estrella del Tottenham que apareció para algo que no fuese dar una patada, lo maquilló en el descuento con un buen gol desde fuera del área.

Son 16 triunfos consecutivos los que acumula ya el Manchester City, que parece haber encargado el título de la Premier League para esta temporada y puede dejarlo sentenciado en las próximas semanas. Muchos siguen apostando si logrará lo que hizo el Arsenal de Henry, de ganar el torneo sin perder un partido. Sin siquiera la necesidad de mantener este ritmo imparable, récord de victorias seguidas incluido, le basta con pasar con dignidad el carrusel de encuentros que la competición inglesa presenta durante las navidades.