El fútbol europeo continúa encaminado a respetar cada vez menos sus tradiciones y este fin de semana se pasó por alto una nueva: el Celtic de Glasgow perdió un encuentro de la Liga Escocesa. Y lo hizo además sin ningún tipo de atenuante, sufriendo una dura goleada en el campo del Hearts (4-0) que nos hace recordar que cualquiera pude tener un día horrible en la oficina. Aunque la oficina acostumbre a ser un balneario.

Porque si bien es cierto que el dominio del conjunto católico en la competición local no es algo reciente, su tiranía se había elevado exponencialmente en los últimos meses. Hasta el palo recibido hoy, el Celtic acumulaba un total de 56 encuentros de liga (69 si contamos los de copa) sin conocer la derrota. Hay que remontarse hasta el 11 de mayo de 2016, más de año y medio, para encontrar su último colapso, por llamarlo de alguna forma, ya que la derrota de entonces ante el St. Johnstone (2-1) llegó con el título más que decidido a su favor.

A pesar de finalizar esta espectacular racha, con tramos de dominio insultante que incluyen 22 victorias consecutivas, no parece que el conjunto de Brendan Rodgers vaya a tener problemas para revalidar el campeonato. Sigue líder con dos puntos sobre el segundo clasificado, el Aberdeen, y tiene un partido menos.

De hecho, este toque de atención puede que incluso le venga bien para ponerse las pilas y asegurarse su séptimo título consecutivo. Porque la liga escocesa, históricamente bajo el turnismo de Celtic y Glasgow Rangers, se ha quedado en manos de un solo dueño desde que los protestantes, que ahora mismo marchan terceros en la tabla, tuvieran que refundarse por los problemas económicos y regresar desde los infiernos.

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