Es difícil que, dentro de la prolija historia del Real Madrid, un año sobresalga por encima de los demás de tanto que se ha ganado. Acostumbrado a los éxitos, en el club blanco puede llegar a confundirse las fechas de los triunfos que en otro club serían efemérides imperdibles. Pero incluso para una entidad para la que ganar es una obligación, el 2017 va a quedar como un año para el recuerdo. La victoria en el Mundial de Clubes redondea eso para el Real Madrid, y no por la belleza o el mérito de su 1-0 sobre el voluntarioso pero escaso de talento Grêmio de Porto Alegre. Es el quinto trofeo levantado en la temporada, a la que sólo se le escapó la Copa del Rey. Nunca antes ningún equipo había ganado de manera consecutiva la Champions League en su actual formato; el Madrid lo ha logrado en este 2017. Un campeón de la vieja Intercontinental no defendía título desde que el São Paulo lo hiciese en 1992; el Madrid lo ha logrado y es el primer europeo en hacerlo desde el Milan en 1990.

Así de trascendente es el año del Real Madrid. Un año que Zinedine Zidane no podrá olvidar. El técnico francés sigue luchando en casi todos los ámbitos contra la imagen de escaso influencer en el juego del equipo más importante del mundo, un mero alineador o como mucho un susurrador de jugadores de élite. Pero la realidad es que Zizou acumula 8 títulos en 23 meses desde que se hiciera cargo del Real Madrid en lugar de Ancelotti. Ahora mismo, su sello de entrenador es mantener en el once titular a Benzema a pesar del clamor popular (clamor que nunca le ha abandonado al punta) y mantener a Bale por ahora en el banquillo. Suficiente en cualquier caso para ganar al Grêmio, un grupo sacrificado pero que llegó de la lengua fuera a la final del Mundial de Clubes tras jugar casi 80 partidos en este año, unos 15 más que su rival.

Con la lengua fuera y sin fútbol, porque Luan apenas pudo participar y varios de sus jugadores demostraron estar muy lejos del nivel técnico exigible para la élite europea. La mejor baza del Grêmio durante muchos tramos del partido fueron sus limitadísimos centrales, Geromel y Kannemann, tan expeditivos en su área como complicados con la pelota. El equipo de Renato Gaúcho, flamante campeón de la Libertadores, ya pasó apuros para superar al Pachuca en semifinales y ante el Madrid demostró por qué. Aún así, a pesar del gran partido de Luka Modric (mejor jugador del torneo y la mejor noticia para los blancos en el Mundial de Clubes), el grupo brasileño sólo cedió ante un gol de falta de Cristiano Ronaldo, aprovechando un error de la barrera rival. Es el cuarto partido consecutivo en el que el portugués marca.

Renato Gaúcho vendió la derrota como un éxito de su Grêmio, en esa dialéctica brasileña entre considerarse el mejor fútbol del mundo y el resquemor por el potencial económico del fútbol europeo. “Competimos de tú a tú con el Madrid”, dijo el siempre confiado en sus posibilidades técnico, obviando las casi 20 llegadas de peligro españolas por una de los brasileños. Para el Real Madrid, el Mundial de Clubes ya es historia porque antes de que termine el año podría ganar otro título: superar al Barça y abrir la disputa por la Liga española.