¿Alguien se acordaba de Toronto Raptors? No, ¿verdad? Es fácil olvidarse de los canadienses. La atención de la Conferencia Este se centra en unos Boston Celtics disparados hacia las finales y que sueñan con el retorno de Gordon Hayward; un LeBron James empeñado en impedirlo con una temporada propia de MVP al frente de los Cleveland Cavaliers; y unos sexy Philadelphia 76ers, rebosantes de joven talento. Precisamente en la ciudad del amor fraternal fue donde los Raptors se confirmaron como el equipo del momento en la mitad oriental de los Estados Unidos. Lograron su quinta victoria consecutiva (109-114 en el marcador final) y se auparon al segundo puesto de la conferencia con 22 triunfos y solo ocho derrotas.

El triunfo cabe adjudicárselo en gran medida a DeMar DeRozan, autor de 45 tantos que suponen la mejor marca personal en un encuentro de un anotador tan prolífico como él. Hasta la fecha, la mejor manera de contener al atlético escolta de los Raptors era mantenerlo más allá de la línea de tres puntos. No le gusta lanzar desde allí. Sin embargo, se está llenando de razones para intentarlo más. En los diez partidos que ha jugado en diciembre, DeRozan anota el 40% de sus tiros de triple. Es cierto que suele lanzar menos de tres por encuentro. Anoche se atrevió en nueve ocasiones y acertó en seis. Si esto es el inicio de una tendencia, en Toronto pueden empezar a frotarse las manos.

El otro protagonista del partido fue uno que no lo jugó. Joel Embiid ni siquiera se vistió de corto. Los Sixers atribuyen su ausencia en los últimos encuentros a unas molestias en la espalda. Todo el mundo, sin embargo, piensa que el problema está en el épico enfrentamiento con tres prórrogas que Embiid disputó contra Oklahoma City Thunder hace una semana. Es vox populi que la franquicia de Philadelphia debe racionar los minutos del camerunés para que no se reproduzcan los problemas asociados a un físico inconcebible: un gigante capaz de correr, saltar y fintar como el base más ágil. Aquel día no lo hizo y hoy paga las consecuencias.

Las ausencias del pívot estrella suponen problemas automáticos para los 76ers, que se han caído al décimo puesto del Este, fuera del playoff. Frente a los Raptors, Ben Simmons (20 puntos, seis rebotes, cuatro asistencias) hizo cuanto pudo, apoyado por un magnífico Dario Saric (18 puntos, diez rebotes, nueve asistencias), pero no bastó. Los de Toronto enjugaron una desventaja que llegó a ser de 22 puntos y se llevaron el partido.

Para eso sirve la veteranía de DeRozan y de Kyle Lowry (23 puntos, nueve rebotes, cuatro asistencias), bien acompañados por un Serge Ibaka que no brilla en números pero sí en impacto (+14 con él en pista). Con este trío los Toronto Raptors vuelven a reivindicar que son potencia en el Este. Y, sin embargo, sus continuados fiascos en playoffs hacen que cueste imaginarlos como una alternativa real, como un equipo capaz siquiera de imponerse en las eliminatorias a otro backcourt de élite y lleno de fiereza como el de Washington Wizards, con Wall y Beal.

Pero, ¿y si DeMar DeRozan se destapa como triplista?

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