Hasta la noche de este miércoles, muchos bromeaban con que la mejor tapada (parada en algunos países latinoamericanos) de Diego López esta temporada había sido una para arreglarse el tupé lleno de injertos capilares y cubrirse la coronilla descubierta. Tampoco había que exagerar: el portero gallego casi siempre cumple con creces cuando ocupa la portería del Espanyol. Sólo que detenerle un penalti a Leo Messi le vuelve a situar en el mapa futbolístico. El argentino volvió a tropezar con el punto de penalti, su particular kryptonita, una suerte que se le atraganta al mejor futbolista de los últimos tiempos, por increíble que parezca. Y el Barcelona lo acusó: en un partido que se fue trabando con el paso de los minutos, el equipo azulgrana acabó cediendo a Espanyol un gol en los minutos finales y cayó por primera vez esta temporada (1-0).

El Espanyol, el otro equipo de Barcelona, festejó la victoria como un título, como si no hubiese partido de vuelta la semana que viene y ya acariciase las semifinales de la Copa del Rey. Es la reacción tras la primera victoria sobre el rival local desde el 2009, la primera al abrigo del nuevo estadio de Cornellá-El Prat. El conjunto perico es un grupo esforzado, duro en el corte y con ideas futbolísticas precarias pero muy claras.

Se replegó ante el Barça, hizo todas las faltas del mundo, peleó ordenado y sobrevivió al mejor juego culé en la primera parte, para ir despertando en la segunda, encontrarse mucho más cómodo y acabar pescando una victoria de guión difícil. Porque contaba con una parada de Diego López a Messi desde el punto de penalti. El meta formado en el Real Madrid es ya el que más penas máximas le ha detenido a La Pulga.

Messi es claramente el MVP del fútbol español, con 23 goles y 11 asistencias en todas las competiciones. A esos números hay que recordarles al menos 10 tiros a los postes en la Liga, y que ha desperdiciado 3 de los 6 penaltis que ha pateado. Es decir, Messi podría estar tranquilamente en los 30 goles a estas alturas de temporada. Ante el Espanyol, estuvo fallón: tuvo varios tiros libres golosos para su calidad, y un par de arrancadas pletóricas mal resueltas en el último disparo. Como Messi, el Barça bajó en el segundo acto, cuando el Espanyol llevó el juego a su terreno, más embarrado, de pelea y carreras furtivas.

Así cazó el gol de la victoria Melendo, tras una recuperación en el centro del campo, un precioso pase de Víctor Sánchez al espacio, para la carrera de Marc Navarro: el centro del lateral lo remató el joven Melendo a la perfección en el punto de penalti. El gol llevó el delirio al Espanyol y a su gente. El Barça sigue invicto en Liga y Champions pero ve rota su racha de partidos invicto, que se queda en 29. Mientras, Messi se fue a casa pensando cómo se le siguen resistiendo apenas 11 metros al jugador capaz de hacer milagros en los otros 90 del campo.

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