La Supercopa de Europa es un torneo a medio camino entre dos temporadas, que no sirve para redondear las conclusiones de la que terminó (puede que los equipos que la disputen tengan poco que ver ya en configuración de plantilla) y desde luego no sirve para obtener nuevas pautas definitivas de cara al nuevo año futbolístico. Pero hay algunas cosas que sí podemos saber a raíz de la victoria del Real Madrid sobre el Manchester United. La más importante es, sin duda, Casemiro.

Va a haber que explicarlo un poco. La distancia que separa a este Real Madrid campeón de todo y el Manchester United no se mide en el talento de Isco, el mejor jugador del partido, cada vez con más peso en el juego del equipo blanco. No se mide tampoco en la racanería del juego del equipo inglés, una máquina de gastar dinero en futbolistas de nivel medio pero rara vez determinantes, un equipo en el que Pogba es un obrero anónimo a precio de lujo y Fellaini un recurso básico (molón, eso sí, pero justo de talento). Ni siquiera importa la ascendencia de Zidane como entrenador, vencedor de 6 títulos en apenas 20 meses, mientras Mourinho lucha por un trabajo de orfebrería al que no está acostumbrado desde sus años en el Oporto.

No, la diferencia es Casemiro. El brasileño fue el síntoma perfecto de la distancia sideral que separa al Real Madrid de este Manchester United. Y ni siquiera es por su fuera de juego en el gol que abría el marcador de Macedonia. Veamos el gol del brasileño:

Y pongamos el gol en el contexto del partido. El Real Madrid llevaba varios minutos de asedio sobre el área del Manchester United, cuya única vía de salida (pelotazo a Lukaku) fracasaba a la hora de darle aire. Ahí está la clave del gol de Casemiro. El brasileño tiene una misión muy clara en el Real Madrid, que es dar pulmón a un centro del campo lustroso, pero falto de físico. Pues bien, en la jugada del gol al United Casemiro no vio urgencia alguna en recuperar su posición y tratar de frenar una posible salida de los ingleses.

Parado, andando, en actitud pasiva que le dejó en fuera de juego para rematar la jugada. Casemiro estaba tranquilo: sabía que no había peligro en el otro lado del campo. Pudo permitirse rondar sigilosamente el área rival, filtrarse a espaldas de los centrales y, eso sí, rematar con prestancia el centro de Carvajal. Esta “falta de respeto” de Casemiro por las posibilidades del United de hacerle daño al Madrid habla más a las claras que cualquier sesudo análisis de pretemporada.

O eso, o todo es mucho más fácil:

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