Aún no habíamos acabado de contar el número de abdominales de Cristiano Ronaldo, los músculos sobre músculos y sobre más músculos que brotan en cada intersticio de su anatomía, y resulta que el portugués ya no estaba sobre el campo. Como en 2018 hay Mundial, CR7 se tomó muy en serio lo de economizar esfuerzos para llegar fresco a la cita de Rusia.

Cristiano salió en la segunda parte, marcó, se desnudó (en un futuro a medio plazo en el que, ayudado por Mendes, el de Madeira se convierta en presidente de la FIFA, suponemos que Ronaldo hará los arreglos necesarios para que el fútbol se juegue sin camiseta; que le gusta más una buena exhibición torácica que un gol ya lo tenemos todos claro a esta alturas, ¿no?; y el coro responde “Síuuuuuuuuu” -fin de la cita-); cayó en el área al lado de Umtiti; lo expulsaron;  y empujó al árbitro de propina. Un partido, una ópera de tres actos, una comedia bufa en apenas 24 minutos. Con Cristiano todo se hace a tope.

El partido de ida de la Supercopa de España en el Camp Nou ya estaba acabado y ganado para entonces. El Madrid sigue cabalgando la ola buena y el Barcelona mira hacia la banda que ocupaba Neymar y suspira sin saber qué hacer. Y, mientras todo el mundo ya estaba a otra cosa, que si Bale sobra, que si Coutinho y Dembelé podrán arreglar el desaguisado, Asensio aprovechó. Que es lo que hace Asensio siempre: aprovechar.

El gol de Cristiano lo mejoró él. Anotó el 1-3 por donde es difícil meterla de parado. Asensio lo hizo en carrera, con Piqué cerca y Ter Stegen volando. Pero es que Asensio golpea así de bien.

Bueno, el mallorquín hace muchas cosas bien. Su conducción del balón en carrera es de las mejores cosas que se pueden ver en el fútbol. De técnica para moverse en los espacios cortos va sobrado. Pasa el balón con alta precisión. Que a veces no lo parece, porque tú lo ves con su aspecto un poco de niño bien, que te lo imaginas con polo rosa, bermudas color crema y zapato castellano en un pantalán balear, y no dirías que va camino de figura mundial. Pero va. O a lo mejor ya lo es.

Zidane, el entrenador de Asensio, cimentó su estatus de leyenda acertando con los momentos en los que brillar. El chaval de 21 años aprende bien: cuando le dan carrete en un gran escenario siempre deja un detalle glorioso. Anoche, con Messi y Cristiano en el campo, también.

Aún no se sabe muy bien qué va a ser. Si un goleador, si un extremo, si un centrocampista para el orden, si un agitador. O acaso lo que sabemos es que podría ser cualquiera de esas cosas si se lo piden. Mientras tanto, él cada vez que marca, en lugar de sacarse la camiseta se la deja puesta, la estira por los hombros y nos enseña su nombre en mayúsculas para que asumamos que lo vamos a repetir mucho en los años venideros: ASENSIO.

Gran partido del equipo. ¡Nos vemos en el Bernabéu! #HalaMadrid #RMSuperCopa

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