El primer episodio de la Supercopa de España fue una perfecta previa de lo que parece ser la próxima temporada en la Liga. Por un lado, se puso de manifiesto la distancia deportiva que ahora existe entre Real Madrid y Barcelona, en favor de los blancos. Por otro, avanzó la pereza por el debate cansino que genera cada clásico y que, lejos de disminuir, no cesa de crecer, para hartazgo de los aficionados de otros equipos (y algunos de los afectados).

El Real Madrid es el mejor equipo. Zidane ha escapado a las sospechas sobre su rol de entrenador y ha encontrado una pauta para hacer lucir el talento de una plantilla a la que le sobraban James y Morata, nada menos. Marco Asensio va a ser un crack, y ni siquiera las dudas sobre Bale o ciertos tembleques en defensa frenan a un Madrid espectacular. Poco de eso queda ya en el debate sobre lo visto en el Camp Nou. Casi todo quedó soterrado por la expulsión de Cristiano Ronaldo (algunos llaman “casi nada” a empujar a un árbitro, la única figura de autoridad en el campo), las celebraciones de guiris despistados en el estadio culé, la camiseta y los abdominales de CR, que si Luis Suárez es un sucio

La pereza que rodea al debate de cada Real Madrid-Barça no para de crecer, como la distancia en el campo entre ambos. El Barça sufre una crisis de modelo que, esta vez sí, puede implicar el famoso fin de ciclo. Messi se enfrenta a un reto mayúsculo, porque su club se ha convertido, de repente, en su Argentina. Pero todo queda soterrado bajo paladas de debates estériles y efectistas, destinados al consumo de televisión cutre. Todo nace de un fenómeno de reacción furibunda del madridismo en las redes. El Madrid como club y como afición se siente atacado. Cree que todos conspiran en su contra. La entidad deportiva más poderosa del mundo estima que quieren quitarles sus derechos a quejarse, a protestar, en definitiva, a dominar. La paranoia del poderoso no tiene límites.

Zidane sospecha de los engranajes arbitrales a pesar del 1-3 y eso azuza el debate. Mientras, la prensa más cercana al Madrid amplifica las quejas del vestuario, al tiempo que habla de “volver a la normalidad” en relación a los arbitrajes. ¿Cuál es la normalidad, para el Madrid? ¿Qué piensan los aficionados del resto de clubes españoles mientras los más poderosos de Europa se quejan de teorías conspiratorias? La pereza no para de crecer. Por supuesto, el partido de vuelta de la Supercopa de España es una pequeña molestia en el camino de más ruido.