Han pasado ya dos años desde estas sorprendentes declaraciones. Y uno es de la opinión de que al Cholo Simeone no se le sacudió como era debido por aquellas palabras. Ya no sólo por lanzar extrañas acusaciones sin el más mínimo fundamento, sino también por venderse como una víctima. Era junio, tal vez fuera un golpe de calor…

Dejando al Real Madrid a un lado, lo cierto es que su vecino del Manzanares se ha instalado en un ambiente relativamente complicado. Quizás aquellas explicaciones eran, a su vez, un intento de autoconvencer a la afición del Atlético de Madrid para no esperar grandes cosas en el futuro próximo. Si ganamos algo, bien. Pero si nos quedamos en blanco, pues esto es lo que hay.

Esa sensación quedó patente en el encuentro de ida de las semifinales de la última Champions frente a su eterno rival local. Ni pizca de la furia que caracterizaba al Atleti en esos duelos. Ni un destello de su tradicional solidez defensiva. Su fenomenal trayectoria en estos derbis durante bastantes años parecía llegar a un abrupto final.

Cierto es que los colchoneros tiraron de cierto orgullo y dieron la cara, pero el daño ya había sido infringido. Los meses posteriores, además, hicieron más bien poco por sanar las heridas. El TAS confirmaba su sanción y el Atlético no podría inscribir jugadores hasta enero. Ello evitó la salida de Griezmann, no nos engañemos. Pese a que luego el francés lo intentó arreglar a su manera…

Por si fuera poco con los culebrones veraniegos de Vitolo y Diego Costa, los hombres del Cholo Simeone arrancaron mal la Liga. Empate en casa de un recién ascendido, cosechado tras un arreón final después de la pataleta del propio Griezmann. Sin embargo, el Atlético volvió a revelar que ese aura de muralla defensiva se ha esfumado. Y eso, unido a sus tradicionales problemas de gol, auguran un curso peligrosamente preparado para los vaivenes en el Wanda Metropolitano.

¿Seguiría aguantando el Cholo o sucumbiría al fin a los mejores contratos ofrecidos desde otras ciudades de Europa?

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