Alguien escribió estos días en Twitter que la gente le da demasiada importancia a las publicaciones en redes sociales de los futbolistas. Es posible que sea cierto. No es incompatible, sin embargo, con la imposibilidad de ignorar la crisis de relaciones públicas que supone el Instagramgate en el Barcelona. Crisis de relaciones públicas como mínimo, muchos creen que a nivel institucional, quizás filtrándose inevitablemente al espectro deportivo. En medio de likes, comentarios y hashtags con subtexto, tomemos un minuto para pensar en Ernesto Valverde.

Nadie preparó a Valverde para esta situación. Cuando el Txingurri aceptó llegar al Barça, como tipo cabal e inteligente que parece, seguro que percibía que Iniesta, Busquets, quizás Piqué ya no son los jugadores que eran hace más de media década. También es probable que, si su agente se mueve lo justo y pregunta por ahí, supiese que las arcas del Barça no son las de los mejores años para afrontar el mercado de fichajes. Aún encima, al poco de llegar, te encuentras con que tu segundo/tercer mejor jugador (depende del día), Neymar, se larga de malas maneras por un megatraspaso cuyo dinero no podrás gestionar y el club tiene serios problemas en gastar.

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Volvió @3gerardpique 😂😂😂

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Todo eso un entrenador de Primera división con experiencia en Europa, joven y preparado y de competitividad contrastada en el Athletic de Bilbao (un club tan especial como exigente), puede llegar a gestionarlo. Pero ¿cuál es la asignatura del curso de entrenadores que te prepara para un Instagramgate? ¿Cómo llegas el día siguiente al vestuario y afrontas la realidad de varios de tus mejores jugadores posan sonrientes y haciendo bromitas con un futbolista que les dejó en situación precaria hace apenas dos semanas y después de la preocupante imagen mostrada en la Supercopa de España ante tu gran rival?

Vayamos a este extracto de un perfil de Valverde en Mundo Deportivo. «[Haber sido jugador] ‘Ayuda a entender la psicología del futbolista. El entrenador que ha sido antes jugador tiene la ventaja de que ha conocido un vestuario, pero en el fondo, lo que quiere ver el futbolista es que tú le vas a ayudar’. Como en la fotografía, su otra gran pasión, asegura que ‘la mirada es lo más importante, aunque el entrenador mira, observa y actúa'». Dejando de lado la ironía del Instagramgate en el vestuario dirigido por un aficionado a la fotografía, nada de la vieja retórica (por muy joven que seas) aplica a situaciones como ésta. A través de las redes sociales, los jugadores del Barça han dominado toda la narrativa en una misma dirección, quisieran o no (nadie les ha preguntado su intención). Valverde lleva un par de semanas queriendo llevar la narrativa en otra dirección (Messi mediapunta, cambios de sistema, plantilla cerrada ya, etc), pero ya nadie se acuerda de cuál era.

El gran Eduardo Rodrigálvarez apunta a la «elegancia en el trato» y sus «habilidades pedagógicas en el vestuario» como dos de las virtudes más valoradas en Valverde. Es difícil saber si el vasco podrá aplicar su perfil bajo, su sentido común y experiencia dentro de la juventud a una situación de excepcionalidad en uno de los mayores clubes deportivos del mundo. La gestión de grupos en macroempresas como el Barça se antoja crucial, pero es difícil que gestores como Valverde estén preparados para lidiar con situaciones en las que realidades paralelas (como las redes sociales) se imponen a la del día a día.

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